La Adivina de Endor: motivos para un diálogo

Por Rudiel Paneque Santiesteban

Cuba es un país con muchas tradiciones y expresiones diversas; como dijo Fernando Ortiz «un ajiaco cultural». En esa manifestación de diversidad es notoria la pluralidad religiosa. Aunque las religiones más populares son las religiones cubanas de matriz africana y el cristianismo, hay que reconocer otras que también convergen en esta, nuestra nación. Asimismo, de diversidad hablando, cada una de ellas tiene diferentes prácticas y maneras de expresar la fe.

En tal sentido uno de los principales conflictos tiene que ver con la práctica de algunas tradiciones cristianas que por lo general desvalorizan, vilipendian o descalifican a las otras religiones, e incluso a las expresiones cristianas que practican una teología diferente; creando un clima de intolerancia, irrespeto y violencia. Por tal motivo es importante encontrar fundamentos y sentidos que contribuyan al diálogo y respondan a las posturas radicales, conservadoras y de fundamentalismos que a menudo se expresan por grupos religiosos.

1 Samuel 28, 3 – 25

Para leer este texto se sugiere, entre otras claves de lectura, la perspectiva de género en la relación con los personajes de la historia, teniendo en cuenta que la Biblia fue escrita en un contexto patriarcal, dónde las mujeres tenían valor en relación con los hombres. Por ello los escritores bíblicos y la tradición interpretativa han dado un tratamiento diferenciado a las mujeres en la Biblia, privilegiando a los hombres. En muchas ocasiones se omite su liderazgo o importancia, al referirse a ellas con el nombre del lugar donde viven, del oficio o condición social, en relación con algún personaje masculino, entre otros. Tal es el caso de la conocida “Adivina de Endor”, descrito en el texto que nos ocupa.

Así mismo es oportuno conocer la autoría de este libro, pues ha suscitado muchos debates y es útil para comprender también esta perícopa. Algunos inicialmente pensaron que Samuel, el profeta, había escrito estos libros, luego aparecieron otros posibles autores hasta que en el siglo XX surge una teoría de mayor consenso actualmente, la llamada Obra Histórica Deuteronomista[1]. Esta hipótesis, plantea que el Deuteronomio es la clave interpretativa de los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes. Que, a su vez, no es autoría de una ni dos personas, sino de una escuela, quienes editaron estas obras en diferentes momentos de la Historia de Israel. (Sicre, 2013. p193 – 209).

José Luis Sicre comenta al respecto: “Quizá algunos de estos discursos ya estuviesen redactados con anterioridad. Pero ellos lo retocaron para inculcar su lucha contra la Idolatría y el servicio exclusivo de Dios.”[2] Sicre, en este comentario no solo habla de la teoría de los escritos, que se piensa, culminó su edición en el período exílico sobre los años 587 – 538 a.C, sino que también hace un aporte relevante como clave de lectura para este análisis del capítulo 28 de 1 Samuel: “Un solo Dios, un único lugar de adoración”. A partir de esta clave de lectura sospechemos cada vez que se legitime a “JAHVE” como el Señor y único Dios.

Los vv. 1 y 2explican que David (1040 – 966 a. C) se pasa a las tropas filisteas como refugiado político, después de que Saúl lo intenta matar, y el Rey Aquís le nombra su guardia personal. Este hecho es trascendental, pues David siempre es valorado y exaltado por los escritores, recordemos el conocido episodio de David y Goliat (1 Samuel 17) donde se engrandece la figura de David al enfrentar y matar a Goliat, mientras Saúl queda en un segundo plano. También es importante para el imaginario de Saúl, que sabe que David es el nuevo “ungido” y por tanto Dios está a su lado.

Una vez comentados estos apuntes necesarios, les invito a entrarnos en el texto en cuestión.

La perícopa:

La muerte de Samuel fue otro hecho importante en los últimos tiempos del reinado de Saúl, esta perícopa inicia recordando este hecho y el sufrimiento de todo Israel por tal acontecimiento. En contraposición y en consonancia con lo descrito en el libro de Deuteronomio (18, 10-12), explica que: Saúl expulsó de todo el país a los nigromantes[3] y adivinos. Tales prácticas eran prohibidas, según el Deuteronomio, y retomadas en este libro describiendo el castigo que vivieron los habitantes de Israel que mantenían dichas habilidades religiosas: el destierro. Se sospecha que en la disputa entre estas dos prácticas (el profetismo y la adivinación) se legitima el profetismo como espacio oficial, minimizando las demás religiones populares. Recordemos a Sicre, cuando sugiere que los editores de estos libros, enfatizaron en la prohibición de las prácticas mencionadas. Por tanto, es evidente, que las relaciones de poder, también están mediando las relaciones religiosas y quienes tienen el poder, legitiman su proyecto, en detrimento de los demás, aunque gocen de popularidad.

El relato continúa explicando la situación en que se encontraba el ejército de los filisteos y el de Israel. Los filisteos acamparon en el norte de Israel en el monte llamado Sunem[4], estos desafían a Saúl y su ejército, que está acampado al sur de Sunén, en el monte de Gelboé. El autor pone varias veces en conflicto a Saúl ante los filisteos y también en situación de vulnerabilidad debido al miedo que Saúl mostraba por este ejército. De cierta manera tenía razón para temer, ya Samuel le había dicho que el Espíritu de Yahvé se había apartado de él (1 Samuel 16, 14); que había escogido a otro Rey, David (1 Samuel 16, 13), por otra parte el territorio por el que se enfrentaría a los filisteos era la llanura de Yesrael, un extenso valle que separa el centro del norte de Israel; que significaba el fracaso del intento de unidad nacional que Saúl promovió. Otro tema importante es el económico, la tierra era muy fértil, producía buenos frutos y además era el paso de las caravanas desde Egipto hacia el norte. Así que además del acostumbrado desasosiego de Saúl, estaba la gran responsabilidad de proteger aquella llanura (Sicre, 1997. p.179). Ante esta situación es fácil entender el desespero que tuvo Saúl y su necesidad de sentir la voz de Dios, su compañía y aprobación.

Así que ante este temor y desesperación, Saúl consulta a Yahvé. “En su primera batalla contra los filisteos (Saúl) consultó al Señor, pero no le respondió (14,37); la respuesta posterior solo sirvió para tenderle una trampa (14,41-45). Desde entonces, Saúl nunca ha consultado a Dios”[5] En esta ocasión Saúl decide consultar nuevamente a Dios, pero fue como la primera, Dios no le habla a Saúl, entonces acude a los próximos recursos legales: los sueños, el “urim y tummin[6] y los profetas. Y tampoco le hablaron. Es notorio como Saúl no tiene “suerte” en la consulta a Yahvé, las diferentes maneras de consulta “legal” a YAHVE no resultaron.

Ante tal desesperación, Saúl contradice el decreto que él mismo había suscrito y envía a buscar una espiritista para consultarla. Así, encuentran una mujer en Endor[7] y Saúl se disfraza para ir a su encuentro. El primer diálogo entre ellos es sobresaliente por el conocimiento que tenía esta mujer de la ley de Saúl y el peligro de perder su casa si hacía lo que aquel hombre le pedía. Profundizando un poco más, es relevante que el Rey estaba usando a esta mujer solo como intermediaria, es solo el medio para lograr su objetivo. Una vez que Saúl la convence, ella invoca a Samuel. Al aparecer Samuel, ella reconoce Inmediatamente que su cliente es Saúl, volviéndose sujeto en esta historia, le reclama y Saúl la calma y ella le cuenta que ha visto a Samuel. En este punto hay varios criterios, pues la palabra que el texto utiliza es Elogím que significa Dioses, y algunos lo traducen como espectro (biblia de Jerusalén), la versión latinoamericana traduce Fantasma, la NVI lo traduce como espíritu, Reina Valera 1960 Dioses y la Biblia Dios habla Hoy traduce Un Dios.

Como se muestra, hay diversas traducciones de esta palabra y es uno de los temas de mayor discusión y controversia: ¿Quién apareció delante de Saúl? ¿Por qué el texto usa la palabra Dios para describir la aparición de Samuel? Sin embargo, es relevante cómo la mayoría de los autores consultados desconfían de la real aparición de Samuel en este capítulo. Por el contrario asumen que quien se presenta es Satanás, usurpando la personalidad de Samuel.

El punto está en que Samuel no aconseja realmente a Saúl, sino que le recuerda la sentencia profetizada anteriormente (1 Samuel 15) y emite una nueva sentencia: Saúl y sus hijos morirán en la próxima batalla. Uno de los principios hermenéuticos prescribe que la Biblia se interpreta a ella misma y en este caso, se propone leer este texto a partir de lo que dice el Deuteronomio en el capítulo 18, 21-22 y se lee: 21Y si dices en tu corazón: ¿Cómo reconocemos la palabra que no ha dicho Yahvé? 22Si el profeta habla en nombre de Yahvé, y no sucede ni se cumple la palabra, es que Yahvé no ha dicho la palabra…” (La Biblia de Nuestro Pueblo). Por tanto, la clave está en verificar la veracidad de las palabras emitidas por “El Profeta”. El capítulo 31 de este mismo libro confirma dicho vaticinio, pues describe la muerte de Saúl, tres de sus hijos y cómo los filisteos se establecieron en las ciudades que estaba protegiendo el ejército de Saúl.

Es decir, en este caso, se puede asumir que Samuel se presentó al ser convocado por esta espiritista, como relata el texto. Entonces surge la pregunta: ¿Por qué Yahvé no habla con Saúl por las prácticas tradicionales y si a través de un muerto? Lo cierto es que no tengo una respuesta, pero si sé que Dios es soberano y que nosotros, los seres humanos, solo conocemos una parte de su manifestación, que además no tenemos el poder para limitar su actuación o condicionar la manera en que debe relacionarse con el ser humano. Yo prefiero pensar que Yahvé estaba presente en esta situación y que él invita a mirar a nuestro alrededor y valorar cada una de nuestras actitudes y prácticas, pues todas ellas van trazando nuestro camino y algún día nos tocará encontrarnos con la consecuencia de nuestros actos. Recuerdo un ejemplo bíblico donde Elías buscó a Yahvé y resulta que Yahvé está presente donde menos el esperaba (1 Reyes 19, 11-13). El texto describe que el profeta sintió un viento recio, un terremoto y el fuego y salió cada vez a buscar a Dios, pero no estaba en estas expresiones, finalmente lo encuentra en la brisa suave, donde menos le esperaba.

El capítulo termina con una paradoja, la mujer “prohibida” por la ley, desterrada y en peligro de muerte, se compadece de Saúl y brinda su mano solidaria, hace un banquete para Saúl y sus acompañantes. Narra el texto que un ternero cebado, unos panes sin levadura, les fueron ofrecidos. Esto no solo representa la cuestión material, saciar el hambre de esta persona, sino también lo que representa acoger, valorar, respetar y consolar a un ser humano en desesperación. Esta mujer no tiene presente la situación provocada por el mandato del rey en contra de su práctica religiosa. Tampoco le importó su condición de mujer, en este contexto patriarcal y machista; tomó la decisión e insistió en servir al rey. No tuvo en cuenta el poder que el rey representaba para servir. Dejó como enseñanza una aptitud de apertura hacia el otro y la otra, de diálogo con lo diferente y diverso. Pudiendo incluso vengarse por el decreto que le condenaba decidió servir, optó por la vida. También el texto original muestra un cambio, la mujer es nombrada en los primeros versículos como espiritista (vv. 8, 9, 12) y en estos últimos se nombra servidora (vv. 21 y 22); su identidad religiosa pasó a un segundo plano cuando dialogar y hacer por el bien de una nación es lo más importante.

Hoy en día, vivimos en un mundo hegemónico, se cuestionan, minimizan, desacreditan las prácticas de los diferentes, de los grupos minoritarios o menos visibles, imponiendo un único criterio, por encima de otros. El mercado ha instalado en el imaginario social la idea de que la felicidad está en las cuestiones materiales basadas en la mercantilización, que además se construye en una industria que controlan unos pocos. Así las identidades culturales de los pueblos están amenazadas, y no solo las identidades, también la religión. Por otra parte la tecnología y las redes sociales, nos separan cada vez más, nos enfrenta unos contra otras; quiénes las gestionan instalan opiniones, cosmovisiones y prácticas que invitan cada vez más a la enajenación, cosificación e individualismo.

Me atrevería a decir que, lamentablemente, esto no es nuevo; es tan viejo como los mismos escritos bíblicos, salvando las distancias en acumulado de conocimiento y alcance. La escuela de los escritores Históricos deuteronomistas, intentó hegemonizar el poder religioso y político legitimando el culto a Yahvé como centro de adoración, único Dios y verdadero. Así las demás prácticas religioso-culturales desaparecerían, incluso por punición del mismo Yahvé.

Así, esta postura de expulsar a los practicantes de las diferentes religiones, de no diálogo y de legitimación del poder por un grupo tiene mucho que ver con lo que hoy llamamos fundamentalismo religioso: que es un conjunto de principios compartidos por ciertas comunidades sobre el soporte de creencias intransigentes en doctrinas y dogmas religiosas, cuyas bases se consideran incuestionables e inamovibles[8]. Y que una, entre otras de sus características, es la lucha por establecer estas posturas, como orden social único sin importar si se violenta, obstaculiza, invisibiliza, anula o invalida a otro u otros seres humanos y las divinidades que les acompañan.

Este texto bíblico cuestiona aquellas prácticas religiosas o espirituales que se naturalizan como verdaderas, únicas y hegemónicas. En momentos de conflictos, cuando las fuerzas desfallecen, cuando sientes que todo está perdido, acudes a aquello que pueda darte esperanza. No se trata de salvar religiones, sino un país, una situación determinada; donde los credos sirven de base, pero no son el centro de debate. Aunque la consulta a Samuel no alentó a Saúl, al contrario, lo dejó más vulnerable, la mujer de esta historia es quien brinda consuelo, apoyo emocional, afecto, y también comida a este hombre necesitado. 

Sobresalen sus valores por encima de religiones, dogmas, decretos, leyes y relaciones de poder. El punto está en lo que hoy llamamos Diálogo Inter-religioso. Y es que todo ser humano tiene el derecho a cohabitar pacíficamente según su creencia, como apunta la biblista cubana Daylíns Rufín: “mi límite es la libertad de la otra persona, aunque lo que cree, piensa y vive para mí sea incomprensible”.[9]

Las religiones no deberían contender sobre doctrinas o rituales, ni con la sociedad, ni en cuestiones de moral. Es necesario saber que cohabitan en una misma sociedad, es importante reconocerse, respetarse y tener espacios de comunicación que potencien el conocimiento mutuo. Al respecto el papa Juan Pablo II escribió:

Por ello todos los cristianos deben comprometerse a dialogar con los creyentes de todas las religiones, de forma que puedan crecer la comprensión y la colaboración mutuas, para reforzar los valores morales, para que Dios sea alabado en toda la creación. Hay que desarrollar nuevas formas para que este diálogo sea una realidad en todas partes, pero especialmente en Asia, continente que es la cuna de culturas y religiones antiguas.[10]

Es necesario que la cristiandad entienda que no somos la religión verdadera, es necesario aprender de otras experiencias, para no paralizarnos, para colaborar mutuamente, en la transformación hacia la justicia y la vida que tanto necesita nuestro planeta y especialmente nuestro país.

En ese sentido: La metodología dialógica sustituye a la imposición autoritaria de las propias opiniones por decreto y quiebra los estereotipos de lo verdadero y lo falso establecidos por el poder dominante, en este caso por la religión dominante.[11]

Así nuestra propuesta es construir la paz, a través del diálogo y el respeto mutuo, no es dejar de ser uno mismo, ni dejar de relacionarnos con la divinidad que nos acompaña y convertirnos en seres humanos divinos; sino compartir, ponernos de acuerdo para ser solidarios y colaborar con las personas más vulnerables y necesitadas, y respetar la naturaleza a la que tanto daño le hemos provocado. Así como esta mujer, que trascendió sin nombre, pero a la cual no le importó su condición religiosa y social para servir; parafraseo a Jesús: “ve tú y haz lo mismo”.


[1] Se trata de una unidad literaria independiente, a la que se le da el nombre de «Obra histórica Deuteronomista »  porque está imbuida del lenguaje y del pensamiento del Deuteronomio.

[2] Sicre, José Luis. Introducción al Antiguo Testamento. José Luis Sicre, 2013, ed. Verbo Divino. p190.

[3] La nigromancia, necromancia: consiste en la adivinación mediante la consulta de los muertos y la invocación de sus espíritus. Que en nuestro contexto conocemos como espiritista. Por tanto en lo adelante se usará este término, para que sea de mejor comprensión.

[4] http//es.scribd.com/document/184839417/Exegesis-1samuel-28-13

[5] Sicre, José Luis. El primer libro de Samuel. José Luis Sicre, 1997, ed: Herder. 187p.

[6] Hay muchas teoría sobre esta técnica, lo que se sabe a ciencia cierta es que es una especie de suerte, si algo era positivo salía urim y se era negativo el tummin, (1 Samuel 14, 41).

[7] Nombre que significa manantial de la casa. Ciudad asignada a Manasés, pero nunca conquistada por los israelitas (Josué 17, 11 – 12) Ver anexo 1.

[8]Revista Caminos No. 87-88.- Johan Moya. Fundamentalismo Religioso en Cuba: prolegómenos e interrogantes.

[9] Revista Caminos No. 87-88.- Daylín Rufín Pardo. El fundamentalismo Religioso: una problemática más que fundamental.

[10] Juan José Tamayo Acosta. RAZONES PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO. Disponible en:

Haz clic para acceder a Juan%20Jos%C3%A9%20Tamayo%20Acosta.pdf

[11] Ídem

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