Los sonidos 365

Imagen: Unsplush

Me gusta descubrir sonidos. Las canciones me acompañan, narran momentos y sensaciones. El 2022 fue una playlist de 365 días, con muchas pistas desde todos los lugares para hacerme sentar en un sillón y colocar los audífonos inseparables. Aunque debo comprarme unos que hagan justicia a las frecuencias que se condensan en un .mp3. A ese empecinamiento de querer escucharlo todo, o casi todo, se añade el descubrir-le a mis amigos y amigas lo que disfruto. Una suerte de asombro traducido en “oye esto y dime” y mirar con atención todos los gestos posibles de la cabeza al concentrarse (nos).  Digamos que el año que recién culmina, en el que tomé muchas decisiones y eso trajo consigo otros resultados, fueron una secuencia o banda sonora entre lo dulce y amargo, tierno y árido. Antes de enumerar mi lista de los cinco temas más memorables y densos, guiño a High Fidelity (EE. UU, 2020), aunque obviamente no soy Rob, ni soy dueña de una tienda de discos en el vecindario Crown Heights de Brooklyn en el mismo Marianao, donde vivo, puedo contarles todo en un mismo track.

Moscas de fuego (Roly Berrío, Cuba)

De una belleza tremenda, con la necesaria visibilidad al trovador Rolando Berrío, Roly, el concierto de manera general coloca, una vez más, la grandeza creativa, el detalle, la cuasi perfección y la poesía, también, de La Trovuntivitis. De todo el concierto quedé extasiada con una canción que no por “vieja” deja de conmoverme. Destaco en el arreglo de “La vida es un collar”, la divinidad en la flauta que desborda Katherine Herrero. Recomiendo la lectura de una reseña sobre este audiovisual a cargo de Ivan Egüed en la revista AM: PM

Te pienso (Kelvis Ochoa y Beangel, Cuba)

Nota: No encontré en YouTube el link con la canción y el arreglo completo, esa que salió en la serie Promesas. El acceso a Spotify desde Cuba cada vez más se me hace imposible. Les recomiendo descargarlo desde algún bot en Telegram.

Probablemente una de las reiteraciones en mi lista de reproducción, a toda hora y todos los espacios sea esta. No es tal reiteración, es provocación. Hay una hermosura en las voces de Kelvis Ochoa y Beangel que, muy pocas veces he disfrutado. Aunque, para ser justa, Ochoa ha demostrado tener un súper poder para los duetos.

Volverás (Concha Buika, España)

Recuerdo estar en un cuarto pequeño con mi hermano Carlos. Hablábamos de la vida misma. De un momento a otro, de sobresalto, le dije: “tienes que escuchar a esta negra terriblemente encantadora”. Sé que quedó pasmado, casi sin poder reaccionar. El resultado más inmediato fue montar un fragmento en nuestra compañía de danza contemporánea Ensemble. Viví tanto el proceso creativo que hoy me duele estar lejos. Fue en enero de 2022 cuando inventaba un evento único en su tipo en mi provincia de nacimiento, la mayor aventura organizativa y de amor que he soñado junto a mi Carly, la compañía, los muchachos.

A esto le sumo que, además, fue la canción más cruel que me han dedicado durante una separación. Mi ex de 5 años de relación convulsa se despedía con este tema durante nuestro último viaje en bus. Hago silencio ahora por unos momentos, lo necesito.

Declaraciones (Polito Ibáñez)

A finales de septiembre conocí a una persona que dibujó un futuro posible con sus propias manos. Una mujer que, sin conocernos casi, construyó el cariño sin brumas, sin mediaciones egoístas. Estuvimos frente a frente por un período de tiempo. Sí, me enamoré perdidamente sabiendo que la regla era el amor intenso en ese mismísimo tiempo. La suerte fue el cuidado, la ternura. Bah, el tiempo, las eternidades cronometradas. Le escribí en una hoja esta canción como un poema. Le pedí que lo leyera cuando estuviera en el avión. “Para que tus manos nunca lleguen a cansarse”, fue el abrazo.

Quién fuera (Silvio Rodríguez. Versión Dúo Iris y Jorge Aragón)

No puedo escaparme de la melodía, mucho menos de la armonía añadida a una de las canciones que para mi generación ¿acaso todas? han estado en el estadio de lo sublime. Silvio Rodríguez es insuperable, es una obviedad. Pero gusto muchísimo de los cóver. Una buena versión es capaz de remover cualquier inquietud, no te permite estar sin reacción alguna: este es el caso. Le sumo a esta sensación una experiencia muy particular. Un día de noviembre, obstinada de una tarea “militante”, una recién conocida y yo nos quedamos en la escalera de nuestro edificio y comenzamos a escuchar al gran Silvio. Quedó fascinada. Una mujer turca escuchaba música cubana. Nuestras almas, gemelas por elección del universo comenzaron a danzar. Muchos años antes le había escrito un poema sin saberlo. Amor Duygu, compartiré con mis lectores esa prosa poética:

En el año 33, de un siglo x, a una edad que mi memoria no puede alcanzar, yo estaba en Estambul. Ese día mi madre dijo que yo nacería. Obsesa de la transparencia fijó su vista en el vientre de otra mujer. Estambul no era frío en verano, ni en invierno, ni en primavera. Estambul era solo un espacio, en dos memorias obsesas, para el nacimiento.
Treinta y tres años después, mi madre nacía del vientre de mi abuela, obvio. Entonces, mi memoria, anclaba su vista en el vientre de otra mujer.
La transparencia. Ese es el punto exacto para el vientre. Estambul era una calle ancha atrapada en las piruetas de dos mujeres. Yo, minúscula. Ellas, sal. Una mancha muy roja, rojísima, anunciaba el camino.
Hace doscientos veintisiete minutos, una mujer cruza sus piernas ante mí. La miro fijo. Puede que, en su vientre, con absoluta transparencia (una mancha roja, rojísima) obsesas, ella y yo —en un Estambul de calle ancha—, hagamos el amor.

El costado derecho de mi cuerpo

Ilustración: Irian Carballosa

Tengo una cicatriz. Me quedé dormida, abrí los ojos con la misma velocidad con que agarré un cubo de agua hirviendo. Resbalé. Desde entonces no me desnudo tan fácil. Antes, convivía con otras mujeres en becas y enseñar mi cuerpo era un acto natural. Ahora tengo miedo. Desnudarme para mí era un acto de reafirmación, de contentamiento, de seguridad. Después de la cicatriz, todo ha sido diferente.

Cinco de la tarde, mes de julio, año 2015, playa Santa Lucía. Marta, una amiga de viaje, me pide darnos un chapuzón en el mar. Accedo. Tomo la toalla, el camisón, las gafas y entro al agua salada con el traje de baño que me invento. Me siento cubierta. Realmente es mi mente quien se siente cubierta. Pasan 23 minutos y me abruman las olas. Salgo, tomo la toalla, ajusto el camisón y sigo con las gafas. Siento la mirada de alguien. Una mujer se acerca e intenta flirtear, le retribuyo el guiño.

Ella se acerca al área de enjuague, suelta su vestido a un lado y queda en unos biquinis finísimos. Yo quería acompañarla, les juro. Quería disfrutar la picardía de ver a una mujer enjuagarse la sal y el sol bajo un chorro tremendo de agua. Ella siguió mostrando su interés y mostró, también, la parte de su cuerpo que creyó más sexy. Ella es una mujer negra, con dreadlocks, gorda y con un swing único. Yo alguien que mira y no se atreve a acompañarla por miedo a mostrar una cicatriz que cubre el costado derecho de mi cuerpo. Se fue y no supe su nombre.

Hay un cambio de coloración entre mi panza y el costado derecho de mi espalda que es el resultado de pomadas diarias para las marcas de la cicatriz. Mis amistades que viven fuera de Cuba me han facilitado en cada uno de sus envíos: Cicapost de Isdin, aceite corporal Gold Radiance, Ciclapast Gek Lavant B5. Mi abuela durante estos años ha hecho incontables y agotadoras colas en la farmacia para que no me falte Hebermin. Mis segundas sábanas tienen una mancha producto de las cremas. He sufrido la persistencia de eliminar una cicatriz que no se va. Sé que mi madre sufre. Por una hendidura de la ventana, cada vez que vengo a casa, me mira frente al espejo. Es una parte de mi cuerpo que no solo representa el dolor de lo que fue una quemadura profunda de espesor parcial, o los 24 días que demoró en cicatrizar, sino un trauma: tengo miedo a desnudarme.

Hace dos años me invitaron a un evento que culminaría en una piscina. No fui. El solo hecho de imaginar mostrar parte de mi cuerpo —no uso biquinis y en la mayoría de las piscinas es obligatorio— anuló todos mis deseos de participar. Serían dos días de intensos debates, iba como panelista a una mesa de opinión sobre Desafíos y derechos desde la comunicación para las personas no heteronormativas. Una oportunidad gratificante que no pudo ser por mi miedo. La primera vez que fui a Matanzas a un evento casi similar, aunque solo figuraba como participante, recuerdo que una de las preguntas sutiles que hice a la organizadora fue ¿hay alguna actividad extra? ¿debo llevar algún tipo de ropa especial? A su respuesta de NO, enrumbé 371.5 kilómetros durante 4 horas y 26 minutos, mientras el otro evento, era solo a unas cuadras de mi casa.

En espacios públicos como los que les comenté, siento temor; en lo privado siento vergüenza. La vergüenza absurda a la que, durante los últimos 10 meses de confinamiento impuestos por COVID-19, he tenido que sobreponerme. Escucho historias de mis amigues que practican sexting con sus parejas cuando están a distancia o con conocidas con quienes empiezan a relacionarse desde el sexo. Yo poco he podido hacerlo con plenitud. No he logrado enviar una foto de cuerpo entero. Quien me conoce pudiera decir que soy una mujer valiente, decidida, desinhibida. Tal vez, en algunos contextos parezco todo eso. Pero una es el resultado también de sus miedos, de sus vergüenzas, de sus traumas todos. No he sido lo suficiente plena y creo que reconocerlo en este texto me alivia de cargarlo por más tiempo.

Vivimos una realidad caótica. El mundo está diseñado para las no-cicatrices. En mis búsquedas desesperadas en Internet para solventar la escasez de las cremas, puedo encontrar más de un billón de coincidencias y dos mil sitios que aparecen en menos de tres segundos cuando colocas la frase “crema para cicatrices”. San Google, las grandes empresas cosméticas y farmacéuticas, más allá de lo medicinal han hecho, como siempre, del trauma un negocio. Se han construido sociedades en las que tener una cicatriz por quemadura, como la mía, es sinónimo de anulación.

No es lo mismo el signo de cuidado que el de mercantilización. No era consciente de cuán victimaria había sido de mi cuerpo. Les confieso algo más. Hoy he estado desnuda observando con orgullo una cicatriz que cubre el costado derecho de mi cuerpo y le he pedido perdón.

Publicado primero en Q de Cuir

El sofá

La cama parecía más extensa de lo normal. Horas antes mi madre se había marchado y ahora ese espacio común se hacía extraño. El cuarto una avenida. Moví mis piernas y apreté la boca como hacía tiempo no ocurría. ¿Tensión?, tal vez. Me levanté, preparé el café, me antecedí a mi compañero que a cada rato se levanta con una sonrisa cuando mi cara se estira. Eso de año nuevo vida nueva es una completa farsa. Cambiar de calendario no hace que cambie los problemas de la economía, las discusiones de vecinos, el ruido estrepitoso del P5 que pasa arrollando el polvo de mi barrio, la inflación que no deja al 95% del país sobrevivir —el otro 5% no sé cómo se inventa la cotidianidad—. Los etcéteras son incontables. Pero él estaba ahí, sonriendo, mientras yo refunfuñaba por la vida misma.

Juro que hay días en los que prefiero inmovilizarme, pero ni la cama ni la calle son suficientes para la parálisis necesaria. Caminé, critiqué todo cuanto alrededor existe. Llegué a la oficina, recogí el reguero por aquello de que “si te sientes mal, organiza y limpia”; además de la obligatoriedad del plan de trabajo. Aumenta mi ansiedad y un dolor de cabeza me carcome. A esto saco una conclusión: las frases positivistas son para quienes no viven en el mundo real. En mi mundo se asoma su sonrisa, dos o tres veces al día, sin mencionar palabra alguna. Vivir en la casa y coincidir en el trabajo es un lujo, lo sé. Alivia.

Hay días en que los colores se esfuman. Esos días los clasificas como “de mierda”. Han hipotecado los días ordinarios. Quiero creer que es por la necesidad irresuelta de la gente de sentirse bien todo el tiempo. Yo quiero sentir, no importa si son jaquecas o éxtasis. Y, sin pretensiones, ver su “sonrisa”. Yo lo explico como una puerta en medio de un ataque claustrofóbico cuando haz arañado la pared buscando salidas fantasmales.

Él sigue ahí, sentado a mi lado mientras escribo. Ahora hizo el café y la comida. Yo me siento en el sofá (viejo). Sentarse también es válido.

Siempre vibrante, Jaky

Camina a trote, fuma, sonríe como si fuera un súper poder. Tan ágil. Su mirada es de esas que no puedes contenerte. Sucumbes en tres, dos, uno y para siempre. Habla como relámpago y con cadencia de humildad. El primer día la confundí con otra persona, coterránea suya. Me disculpó sin decirlo, porque sabe que habitamos un espacio gigante y, ¡claro que todes nos parecemos! No advertiría yo, luego, que su rostro jamás se borraría de esa memoria que guardamos en el alma. No sé cómo tuvo el don de conectar con casi 60 personas; yo no tengo esa capacidad. Su mirada atravesaba el salón como quien escanea la vida en los otros y las otras. Levantaba la mano y todos girábamos a un mismo ritmo. Mística. Lo hermoso es cuando esa sensación se convierte en colectiva.

Mi queridísima Glenda conectó de igual forma. Solo nos miramos y supimos que, en efecto, esa mujer relámpago era una de nuestras personas favoritas a partir de ese momento. Cosas eternas y sin explicación. Antes, G y yo habíamos elegido destino de viaje y soñamos el camino, ahora tal vez sabemos por qué esa certeza. La próxima certeza es ir, abrazar, reencontrarnos con el piquete —luego sabrán quiénes son— y gritar Cuba, Argentina, Chile, México, El Salvador, Brasil, y la madre América que nos sostiene. Juro que antes, no entendía lo hondo de sus palabras, ni su caminar, ahora todo lo creo, todas las vibraciones en un mismo pecho.

Cada fiesta, baile, sudoraciones, energía, cerveza, café. Uno de esos más de diez días en La Habana, nos fuimos un grupo pequeñísimo al parque del frente —de seguro los parques tienen su magia—, escuchamos a Silvio como adolescentes. Ahí cantamos G, Cerrito, Ángel, Jaky y yo. Nos fugamos del bullicio en media calle, nos juramos amistad sin decirlo, coqueteamos con el futuro. Si decía sorpresa se emociona, si decía fiesta se emocionaba, si catábamos hasta el amanecer se emocionaba. Pura emoción. Creo que no era solo percepción mía, algo cambió drásticamente. La imagen la tomé un día de muchas palpitaciones, con niñas y niños de La Colmenita. Ahí están sus ojos llorosos de admiración. Ahí está ella, siempre vibrante.

Todo es todo (Parte I)

(Crónicas de las experiencias en la IV Escuela para movimientos sociales de Latinoamérica y el Caribe, del 25 de septiembre al 6 de octubre 2022, La Habana, Cuba)

En días muy duros, cuando el calendario marcaba el ocaso de septiembre y parecía que octubre estaría estremecido ante la fuerza de la naturaleza, en el Centro Martin Luther King Jr. la IV Escuela para Movimientos Sociales de Latinoamérica y el Caribe, conjuraba un futuro no tan distópico. Los reportajes comunes siempre hablan desde la frialdad de una letra que intenta recoger actos sucesorios. No puedo hacer eso. Necesito, contra toda norma periodística, narrar desde el estómago —en esa mágica sensación de construir una historia diferente—. El mismo día 25 de septiembre, un domingo soleado, ablandado por las buenas energías de quienes procurábamos y habíamos entregado todas las fuerzas por una Cuba más justa, esperamos los resultados del Referéndum del Código de las Familias con más de 24 organizaciones y poco más de 12 países. La primera vez que sentí que, como cubanos y cubanas, no estábamos en soledad absoluta. Nuestra lucha, esa primera lucha por la felicidad, era compartida por más de 60 personas en un salón lleno de banderas y símbolo de resistencia. Resistencia, palabra que me ha acompañado como terquedad de vida, como futuro posible. Si algo marcó, al menos los primeros días de la “Escuela”, fue esa fuerza que guarda RESISTIR.

No era extraño poner las manos y las energías para subir un cubito de agua a los dormitorios entre todos y todas, cantar a ritmo de la noche sin electricidad o, gestionarnos de a poco, las alegrías ante la bruma. Quiero recordar esos primeros días como quien divisa a una mujer guatemalteca (en ese entonces no sabía su nombre) saludando lo recio del viento. Elisa, nos enseñaba a saludar, desde su sabiduría ancestral al huracán “Ian”. Para los cubanos y cubanas son habituales estos gestos fieros de la naturaleza, pero para la mayoría de Nuestramerica era todo un acontecimiento.

Tuvimos que inventarnos nuevas formas de aprendizajes. Aprovechar al máximo la luz solar, aguantar calor; a veces en el salón, otras en el patio. Oportunidad para mirarnos a los ojos, escucharnos con dos órganos: el oído y el corazón. Fueron muchos aprendizajes, como golpes en piedras áridas o, en bosques verdes. Así anduvimos muchos días, redescubriéndonos todos los nombres y las formas en que llamamos la “lucha”. Es Cuba, trágica por ocasiones, tierna en su mayoría, referente para casi todos. Colocamos las ideas para entender cada una de nuestras subjetividades, las porfías de hilvanar lo individual y lo colectivo; mucho mejor lo colectivo como apuesta política para un cambio real y revolucionario.

Todo formó parte de la “Escuela”: las sonrisas, los debates, las juergas, la música, las lecturas, los grupos de trabajo, las meriendas, los cigarrillos, la espera. De a poco les iré contando (bueno les iremos contando), hay mucha vida y muchas historias que nos atraviesan el camino. Creo que se trata de eso, del camino.

Credo para no obviar la felicidad

  • Yuliet Teresa Villares Parejo

Creo en Dios, el de las banderas, de las diversidades.

Creo en la divinidad que está en cada persona, según su imagen y semejanza.

Creo en Dios y su ternura, las manos en la tierra y los pies en cielo.

Creo en Dios, de los humildes, el de la gente que suda bajo el sol (porque la vanidad no es el camino, sino la letanía de la hipocresía).

Creo en Dios y su sonrisa en las infancias, las seguras y de las que luchamos por su felicidad.

Creo en Dios de promesas cumplidas y utopías para mis abuelos.

Creo en el Dios de los sueños, de las insistencias.

Creo en el Dios terco por y para la felicidad de quienes sufren injusticias.

Creo en la mística del Dios del mar y sus cantos orishas.

Creo en el Dios que da el pan a justos e injustos, el que besa a todas las personas sin contar las vilezas.

Creo en Dios cuir, trans, afrodiverso.

Creo en el Dios de las mujeres, el Dios mujer.

Creo en la fragilidad del Dios de los/as ancianos/as.

Creo en el Dios que inspira esperanzas para el Sur, siempre el sur.

Creo en el Dios encarnado en la calidez de mi madre.

Creo en el Dios que sirve y se entrega.

Creo en el Dios de paz, siempre la paz y no otra cosa.

Creo en el Dios que está en las manos temblorosas de quienes padecen enfermedades.

Creo en el Dios de la alegría, los bailes y las jergas.

Creo en el amor de Dios encarnado en la vida de los animales de la calle o del resguardo.

Creo en el Dios del árbol y los peces.

Creo que Dios es terriblemente amoroso.

Amén.

Soy feliz

Desde que tengo dos años uso espejuelos. A esa edad me operaron de extravismo en los dos ojos, no se corrigieron del todo pero hasta me gustan así. Padezco de un TOC que a veces me colma la paciencia, y debo recurrir a coger las cosas con calma –con menos intensidad–.

Dice mi mamá que desde pequeña tengo el mismo gesto en la sonrisa y, cuando decidieron ponerme «aparaticos» no aguanté ni una semana. Hablo un poco alto y creo tener una sordera gradual que hace que gire un tanto la cabeza para escuchar mejor.

Devoro libros. Leo con empecinamiento, por placer o encargo. Toco piano y una voz ronca. Memorizo largas extensiones de textos y en el actual edificio donde vivo para llegar a casa subo 21 escalones. Escribo para desnudarme, o desnudar, no lo sé.

Esta imagen es de hoy, un día cualquiera. Hay gente que me mira lindo, me admira y quiere tantísimo. Me han amado y he amado. Me han «planchado» y yo no sé hacer eso.

Soy feliz y creo que se me nota.

La Adivina de Endor: motivos para un diálogo

Por Rudiel Paneque Santiesteban

Cuba es un país con muchas tradiciones y expresiones diversas; como dijo Fernando Ortiz «un ajiaco cultural». En esa manifestación de diversidad es notoria la pluralidad religiosa. Aunque las religiones más populares son las religiones cubanas de matriz africana y el cristianismo, hay que reconocer otras que también convergen en esta, nuestra nación. Asimismo, de diversidad hablando, cada una de ellas tiene diferentes prácticas y maneras de expresar la fe.

En tal sentido uno de los principales conflictos tiene que ver con la práctica de algunas tradiciones cristianas que por lo general desvalorizan, vilipendian o descalifican a las otras religiones, e incluso a las expresiones cristianas que practican una teología diferente; creando un clima de intolerancia, irrespeto y violencia. Por tal motivo es importante encontrar fundamentos y sentidos que contribuyan al diálogo y respondan a las posturas radicales, conservadoras y de fundamentalismos que a menudo se expresan por grupos religiosos.

1 Samuel 28, 3 – 25

Para leer este texto se sugiere, entre otras claves de lectura, la perspectiva de género en la relación con los personajes de la historia, teniendo en cuenta que la Biblia fue escrita en un contexto patriarcal, dónde las mujeres tenían valor en relación con los hombres. Por ello los escritores bíblicos y la tradición interpretativa han dado un tratamiento diferenciado a las mujeres en la Biblia, privilegiando a los hombres. En muchas ocasiones se omite su liderazgo o importancia, al referirse a ellas con el nombre del lugar donde viven, del oficio o condición social, en relación con algún personaje masculino, entre otros. Tal es el caso de la conocida “Adivina de Endor”, descrito en el texto que nos ocupa.

Así mismo es oportuno conocer la autoría de este libro, pues ha suscitado muchos debates y es útil para comprender también esta perícopa. Algunos inicialmente pensaron que Samuel, el profeta, había escrito estos libros, luego aparecieron otros posibles autores hasta que en el siglo XX surge una teoría de mayor consenso actualmente, la llamada Obra Histórica Deuteronomista[1]. Esta hipótesis, plantea que el Deuteronomio es la clave interpretativa de los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes. Que, a su vez, no es autoría de una ni dos personas, sino de una escuela, quienes editaron estas obras en diferentes momentos de la Historia de Israel. (Sicre, 2013. p193 – 209).

José Luis Sicre comenta al respecto: “Quizá algunos de estos discursos ya estuviesen redactados con anterioridad. Pero ellos lo retocaron para inculcar su lucha contra la Idolatría y el servicio exclusivo de Dios.”[2] Sicre, en este comentario no solo habla de la teoría de los escritos, que se piensa, culminó su edición en el período exílico sobre los años 587 – 538 a.C, sino que también hace un aporte relevante como clave de lectura para este análisis del capítulo 28 de 1 Samuel: “Un solo Dios, un único lugar de adoración”. A partir de esta clave de lectura sospechemos cada vez que se legitime a “JAHVE” como el Señor y único Dios.

Los vv. 1 y 2explican que David (1040 – 966 a. C) se pasa a las tropas filisteas como refugiado político, después de que Saúl lo intenta matar, y el Rey Aquís le nombra su guardia personal. Este hecho es trascendental, pues David siempre es valorado y exaltado por los escritores, recordemos el conocido episodio de David y Goliat (1 Samuel 17) donde se engrandece la figura de David al enfrentar y matar a Goliat, mientras Saúl queda en un segundo plano. También es importante para el imaginario de Saúl, que sabe que David es el nuevo “ungido” y por tanto Dios está a su lado.

Una vez comentados estos apuntes necesarios, les invito a entrarnos en el texto en cuestión.

La perícopa:

La muerte de Samuel fue otro hecho importante en los últimos tiempos del reinado de Saúl, esta perícopa inicia recordando este hecho y el sufrimiento de todo Israel por tal acontecimiento. En contraposición y en consonancia con lo descrito en el libro de Deuteronomio (18, 10-12), explica que: Saúl expulsó de todo el país a los nigromantes[3] y adivinos. Tales prácticas eran prohibidas, según el Deuteronomio, y retomadas en este libro describiendo el castigo que vivieron los habitantes de Israel que mantenían dichas habilidades religiosas: el destierro. Se sospecha que en la disputa entre estas dos prácticas (el profetismo y la adivinación) se legitima el profetismo como espacio oficial, minimizando las demás religiones populares. Recordemos a Sicre, cuando sugiere que los editores de estos libros, enfatizaron en la prohibición de las prácticas mencionadas. Por tanto, es evidente, que las relaciones de poder, también están mediando las relaciones religiosas y quienes tienen el poder, legitiman su proyecto, en detrimento de los demás, aunque gocen de popularidad.

El relato continúa explicando la situación en que se encontraba el ejército de los filisteos y el de Israel. Los filisteos acamparon en el norte de Israel en el monte llamado Sunem[4], estos desafían a Saúl y su ejército, que está acampado al sur de Sunén, en el monte de Gelboé. El autor pone varias veces en conflicto a Saúl ante los filisteos y también en situación de vulnerabilidad debido al miedo que Saúl mostraba por este ejército. De cierta manera tenía razón para temer, ya Samuel le había dicho que el Espíritu de Yahvé se había apartado de él (1 Samuel 16, 14); que había escogido a otro Rey, David (1 Samuel 16, 13), por otra parte el territorio por el que se enfrentaría a los filisteos era la llanura de Yesrael, un extenso valle que separa el centro del norte de Israel; que significaba el fracaso del intento de unidad nacional que Saúl promovió. Otro tema importante es el económico, la tierra era muy fértil, producía buenos frutos y además era el paso de las caravanas desde Egipto hacia el norte. Así que además del acostumbrado desasosiego de Saúl, estaba la gran responsabilidad de proteger aquella llanura (Sicre, 1997. p.179). Ante esta situación es fácil entender el desespero que tuvo Saúl y su necesidad de sentir la voz de Dios, su compañía y aprobación.

Así que ante este temor y desesperación, Saúl consulta a Yahvé. “En su primera batalla contra los filisteos (Saúl) consultó al Señor, pero no le respondió (14,37); la respuesta posterior solo sirvió para tenderle una trampa (14,41-45). Desde entonces, Saúl nunca ha consultado a Dios”[5] En esta ocasión Saúl decide consultar nuevamente a Dios, pero fue como la primera, Dios no le habla a Saúl, entonces acude a los próximos recursos legales: los sueños, el “urim y tummin[6] y los profetas. Y tampoco le hablaron. Es notorio como Saúl no tiene “suerte” en la consulta a Yahvé, las diferentes maneras de consulta “legal” a YAHVE no resultaron.

Ante tal desesperación, Saúl contradice el decreto que él mismo había suscrito y envía a buscar una espiritista para consultarla. Así, encuentran una mujer en Endor[7] y Saúl se disfraza para ir a su encuentro. El primer diálogo entre ellos es sobresaliente por el conocimiento que tenía esta mujer de la ley de Saúl y el peligro de perder su casa si hacía lo que aquel hombre le pedía. Profundizando un poco más, es relevante que el Rey estaba usando a esta mujer solo como intermediaria, es solo el medio para lograr su objetivo. Una vez que Saúl la convence, ella invoca a Samuel. Al aparecer Samuel, ella reconoce Inmediatamente que su cliente es Saúl, volviéndose sujeto en esta historia, le reclama y Saúl la calma y ella le cuenta que ha visto a Samuel. En este punto hay varios criterios, pues la palabra que el texto utiliza es Elogím que significa Dioses, y algunos lo traducen como espectro (biblia de Jerusalén), la versión latinoamericana traduce Fantasma, la NVI lo traduce como espíritu, Reina Valera 1960 Dioses y la Biblia Dios habla Hoy traduce Un Dios.

Como se muestra, hay diversas traducciones de esta palabra y es uno de los temas de mayor discusión y controversia: ¿Quién apareció delante de Saúl? ¿Por qué el texto usa la palabra Dios para describir la aparición de Samuel? Sin embargo, es relevante cómo la mayoría de los autores consultados desconfían de la real aparición de Samuel en este capítulo. Por el contrario asumen que quien se presenta es Satanás, usurpando la personalidad de Samuel.

El punto está en que Samuel no aconseja realmente a Saúl, sino que le recuerda la sentencia profetizada anteriormente (1 Samuel 15) y emite una nueva sentencia: Saúl y sus hijos morirán en la próxima batalla. Uno de los principios hermenéuticos prescribe que la Biblia se interpreta a ella misma y en este caso, se propone leer este texto a partir de lo que dice el Deuteronomio en el capítulo 18, 21-22 y se lee: 21Y si dices en tu corazón: ¿Cómo reconocemos la palabra que no ha dicho Yahvé? 22Si el profeta habla en nombre de Yahvé, y no sucede ni se cumple la palabra, es que Yahvé no ha dicho la palabra…” (La Biblia de Nuestro Pueblo). Por tanto, la clave está en verificar la veracidad de las palabras emitidas por “El Profeta”. El capítulo 31 de este mismo libro confirma dicho vaticinio, pues describe la muerte de Saúl, tres de sus hijos y cómo los filisteos se establecieron en las ciudades que estaba protegiendo el ejército de Saúl.

Es decir, en este caso, se puede asumir que Samuel se presentó al ser convocado por esta espiritista, como relata el texto. Entonces surge la pregunta: ¿Por qué Yahvé no habla con Saúl por las prácticas tradicionales y si a través de un muerto? Lo cierto es que no tengo una respuesta, pero si sé que Dios es soberano y que nosotros, los seres humanos, solo conocemos una parte de su manifestación, que además no tenemos el poder para limitar su actuación o condicionar la manera en que debe relacionarse con el ser humano. Yo prefiero pensar que Yahvé estaba presente en esta situación y que él invita a mirar a nuestro alrededor y valorar cada una de nuestras actitudes y prácticas, pues todas ellas van trazando nuestro camino y algún día nos tocará encontrarnos con la consecuencia de nuestros actos. Recuerdo un ejemplo bíblico donde Elías buscó a Yahvé y resulta que Yahvé está presente donde menos el esperaba (1 Reyes 19, 11-13). El texto describe que el profeta sintió un viento recio, un terremoto y el fuego y salió cada vez a buscar a Dios, pero no estaba en estas expresiones, finalmente lo encuentra en la brisa suave, donde menos le esperaba.

El capítulo termina con una paradoja, la mujer “prohibida” por la ley, desterrada y en peligro de muerte, se compadece de Saúl y brinda su mano solidaria, hace un banquete para Saúl y sus acompañantes. Narra el texto que un ternero cebado, unos panes sin levadura, les fueron ofrecidos. Esto no solo representa la cuestión material, saciar el hambre de esta persona, sino también lo que representa acoger, valorar, respetar y consolar a un ser humano en desesperación. Esta mujer no tiene presente la situación provocada por el mandato del rey en contra de su práctica religiosa. Tampoco le importó su condición de mujer, en este contexto patriarcal y machista; tomó la decisión e insistió en servir al rey. No tuvo en cuenta el poder que el rey representaba para servir. Dejó como enseñanza una aptitud de apertura hacia el otro y la otra, de diálogo con lo diferente y diverso. Pudiendo incluso vengarse por el decreto que le condenaba decidió servir, optó por la vida. También el texto original muestra un cambio, la mujer es nombrada en los primeros versículos como espiritista (vv. 8, 9, 12) y en estos últimos se nombra servidora (vv. 21 y 22); su identidad religiosa pasó a un segundo plano cuando dialogar y hacer por el bien de una nación es lo más importante.

Hoy en día, vivimos en un mundo hegemónico, se cuestionan, minimizan, desacreditan las prácticas de los diferentes, de los grupos minoritarios o menos visibles, imponiendo un único criterio, por encima de otros. El mercado ha instalado en el imaginario social la idea de que la felicidad está en las cuestiones materiales basadas en la mercantilización, que además se construye en una industria que controlan unos pocos. Así las identidades culturales de los pueblos están amenazadas, y no solo las identidades, también la religión. Por otra parte la tecnología y las redes sociales, nos separan cada vez más, nos enfrenta unos contra otras; quiénes las gestionan instalan opiniones, cosmovisiones y prácticas que invitan cada vez más a la enajenación, cosificación e individualismo.

Me atrevería a decir que, lamentablemente, esto no es nuevo; es tan viejo como los mismos escritos bíblicos, salvando las distancias en acumulado de conocimiento y alcance. La escuela de los escritores Históricos deuteronomistas, intentó hegemonizar el poder religioso y político legitimando el culto a Yahvé como centro de adoración, único Dios y verdadero. Así las demás prácticas religioso-culturales desaparecerían, incluso por punición del mismo Yahvé.

Así, esta postura de expulsar a los practicantes de las diferentes religiones, de no diálogo y de legitimación del poder por un grupo tiene mucho que ver con lo que hoy llamamos fundamentalismo religioso: que es un conjunto de principios compartidos por ciertas comunidades sobre el soporte de creencias intransigentes en doctrinas y dogmas religiosas, cuyas bases se consideran incuestionables e inamovibles[8]. Y que una, entre otras de sus características, es la lucha por establecer estas posturas, como orden social único sin importar si se violenta, obstaculiza, invisibiliza, anula o invalida a otro u otros seres humanos y las divinidades que les acompañan.

Este texto bíblico cuestiona aquellas prácticas religiosas o espirituales que se naturalizan como verdaderas, únicas y hegemónicas. En momentos de conflictos, cuando las fuerzas desfallecen, cuando sientes que todo está perdido, acudes a aquello que pueda darte esperanza. No se trata de salvar religiones, sino un país, una situación determinada; donde los credos sirven de base, pero no son el centro de debate. Aunque la consulta a Samuel no alentó a Saúl, al contrario, lo dejó más vulnerable, la mujer de esta historia es quien brinda consuelo, apoyo emocional, afecto, y también comida a este hombre necesitado. 

Sobresalen sus valores por encima de religiones, dogmas, decretos, leyes y relaciones de poder. El punto está en lo que hoy llamamos Diálogo Inter-religioso. Y es que todo ser humano tiene el derecho a cohabitar pacíficamente según su creencia, como apunta la biblista cubana Daylíns Rufín: “mi límite es la libertad de la otra persona, aunque lo que cree, piensa y vive para mí sea incomprensible”.[9]

Las religiones no deberían contender sobre doctrinas o rituales, ni con la sociedad, ni en cuestiones de moral. Es necesario saber que cohabitan en una misma sociedad, es importante reconocerse, respetarse y tener espacios de comunicación que potencien el conocimiento mutuo. Al respecto el papa Juan Pablo II escribió:

Por ello todos los cristianos deben comprometerse a dialogar con los creyentes de todas las religiones, de forma que puedan crecer la comprensión y la colaboración mutuas, para reforzar los valores morales, para que Dios sea alabado en toda la creación. Hay que desarrollar nuevas formas para que este diálogo sea una realidad en todas partes, pero especialmente en Asia, continente que es la cuna de culturas y religiones antiguas.[10]

Es necesario que la cristiandad entienda que no somos la religión verdadera, es necesario aprender de otras experiencias, para no paralizarnos, para colaborar mutuamente, en la transformación hacia la justicia y la vida que tanto necesita nuestro planeta y especialmente nuestro país.

En ese sentido: La metodología dialógica sustituye a la imposición autoritaria de las propias opiniones por decreto y quiebra los estereotipos de lo verdadero y lo falso establecidos por el poder dominante, en este caso por la religión dominante.[11]

Así nuestra propuesta es construir la paz, a través del diálogo y el respeto mutuo, no es dejar de ser uno mismo, ni dejar de relacionarnos con la divinidad que nos acompaña y convertirnos en seres humanos divinos; sino compartir, ponernos de acuerdo para ser solidarios y colaborar con las personas más vulnerables y necesitadas, y respetar la naturaleza a la que tanto daño le hemos provocado. Así como esta mujer, que trascendió sin nombre, pero a la cual no le importó su condición religiosa y social para servir; parafraseo a Jesús: “ve tú y haz lo mismo”.


[1] Se trata de una unidad literaria independiente, a la que se le da el nombre de «Obra histórica Deuteronomista »  porque está imbuida del lenguaje y del pensamiento del Deuteronomio.

[2] Sicre, José Luis. Introducción al Antiguo Testamento. José Luis Sicre, 2013, ed. Verbo Divino. p190.

[3] La nigromancia, necromancia: consiste en la adivinación mediante la consulta de los muertos y la invocación de sus espíritus. Que en nuestro contexto conocemos como espiritista. Por tanto en lo adelante se usará este término, para que sea de mejor comprensión.

[4] http//es.scribd.com/document/184839417/Exegesis-1samuel-28-13

[5] Sicre, José Luis. El primer libro de Samuel. José Luis Sicre, 1997, ed: Herder. 187p.

[6] Hay muchas teoría sobre esta técnica, lo que se sabe a ciencia cierta es que es una especie de suerte, si algo era positivo salía urim y se era negativo el tummin, (1 Samuel 14, 41).

[7] Nombre que significa manantial de la casa. Ciudad asignada a Manasés, pero nunca conquistada por los israelitas (Josué 17, 11 – 12) Ver anexo 1.

[8]Revista Caminos No. 87-88.- Johan Moya. Fundamentalismo Religioso en Cuba: prolegómenos e interrogantes.

[9] Revista Caminos No. 87-88.- Daylín Rufín Pardo. El fundamentalismo Religioso: una problemática más que fundamental.

[10] Juan José Tamayo Acosta. RAZONES PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO. Disponible en:

Haz clic para acceder a Juan%20Jos%C3%A9%20Tamayo%20Acosta.pdf

[11] Ídem

Otro libro, otro cuento y otro Dios

En esta última etapa decisiva antes del Referéndum por el Código de las Familias donde parece que los extremos toman fuerzas y los fundamentalismos (de todo tipo) muestran su cara, la peor; pienso en Jesús. No logro entender como personas que dicen ser seguidores de El Maestro, con actitudes y comentarios intentan afectar la dignidad de otras y otros. No logro entender, tampoco, como desde la fe, se puede apostar por la infelicidad de las personas con menos derechos. El evangelio es justicia y deberíamos ser portadores de ella. La justicia es, como principio bíblico, uno de los valores del Reino de los Cielos. Hay propuestas concretas para hacer que el «reino se viva aquí y ahora». El 25 de septiembre tendremos esa oportunidad. Siempre recurro al ejemplo de la «santa familia».

Todos conocen que María concibió del Espíritu Santo un hijo mientras ella era novia de José. ¿A qué les suena? Voy con un detalle: dice el texto bíblico que la «virgen» concibió. ¿Sospechan? Otro detallito es que se le sigue diciendo «virgen» mientras se menciona que Jesús de adolescente tuvo otros hermanos. ¿No les huele a algo raro?

1. María es el ejemplo de adolescente embarazada por alguien que desconoce. Cuando se habla de virgen probablemente se habla de adolescente (y sin experiencias en el sexo, obvio). Culturalmente una adolescente debía casarse. Dejo puntos suspensivos.

2. María fue la intermediaria entre Dios y la humanidad según algunas interpretaciones del texto. En buena lead, su cuerpo fue un trampolín. Nos ponemos exigentes y decimos que María gestó solidariamente a favor de la Trinidad.

3. Luego de parir a Jesús se le sigue nombrando a María como virgen. Para los más sacrosantos que creen que después de parir se sigue siendo virgen (un saludo); para otros, estiman que María pudo tener otros hijos al mismo tiempo que adoptó a otros familiares como primos.

4. ¿Qué bolá con José? El hombre crío al hijo de otra persona, su rol es de padre afectivo. La sangre no medió para poder asumir con amor al pequeño «Yisus».

Voy con el Yisus. En público dijo que su padre, madre o hermanos son los que hacen la voluntad de su (otro) padre. No haré una exégesis de este enunciado, pero el principio es extender el concepto de familia más allá de la sangre. Con estas palabras propone un nuevo proyecto de familia por convicción y afinidad.

Uno de los pasajes que más me estremecen es justo cuando Jesús estaba a punto de morir. La Biblia narra (y disfruten la hermosura del texto):

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. (Juan 19: 25-34)

Hay otros ejemplos, muchísimos. Quienes quieran usar la Biblia como arma y no como bálsamo, tendrán que inventarse otro libro, otro cuento y otro Dios.

«Este es el Cristo que yo predico y no me canso de predicar»

Cuando hablamos de fundamentalismos, casi siempre se piensa en actitudes de gente que lee de forma literal una «norma» sin capacidad de interpretar o dialogar. Y, casi siempre cuando criticamos este tipo de actitudes nunca pensamos en gente cercana (o casi nunca). El punto doloroso es cuando esa gente son tus amigos, o personas que alguna vez compartieron espacios comunes. Sí, amigxs, «los fundas» que más destrozan son las personas que apreciamos.

Desde hace unos días mi Messenger está lleno de reclamos, mensajes de decepción, satanización. Mi opción es no responder. No es nada nuevo, pero siempre causa dolor. Hay quienes ni siquiera se toman la molestia de preguntar cómo estoy antes de vituperiar. La fórmula se concentra en cielo o infierno, y por supuesto en su modelo, yo soy la «portera de la casa del diablo». Otros, toman mi perfil como púlpito para predicarme de pecado y castigo. Tampoco respondo. Es mi opción para no sentirme afectada por gente que se supone conozcan el amor de Dios.

El Cristo que conozco y sigo es radicalmente amoroso, su opción son los no-privilegiados.

El Cristo que conozco y sigo prefiere a la gente que no encaja en el cielo de los hipócritas.

El Cristo que conozco y sigo es abiertamente queer.

El Cristo que conozco es mujer y negra.

El Cristo que conozco no está en los templos, sino en la calle, en los barrios, en la periferia.

El Cristo que conozco y sigo, es abiertamente transgresor.

El Cristo que conozco no es políticamente correcto.

El Cristo que conozco lo asesinaron los mismos que le siguían y aún así insistió en el amor.

El Cristo que conozco se parece a los que se sientan en los últimos puestos en los templos.

El Cristo que conozco y sigo es arcoíris, ese es el pacto desde el Antiguo Testamento (lo de que ama mis colores no lo inventé yo).

Mi opción es clara. Así como dice ese viejo himno: «este es el Cristo que yo predico y no me canso de predicar».

Estar a favor de la justicia te hace una persona justa. Estar en contra te hace miserable. ¿Se dan cuenta de la diferencia? Es increíble el número de personas que esgrimen argumentos en contra del Código de las Familias, cada cuál tiene derecho a decir lo que piensa. Pero una cosa es tener una opinión sobre algo y, otra muy diferente, es ser miserables cuando se limita el derecho a la felicidad de otras personas.

Entiendo el estrés sostenido producto de «las crisis interminables»; entiendo la obstinación, entiendo las ganas de irse o de quedarse, entiendo montón de cosas que tenemos que sortear como cubanos y cubanas. Lo que no logro entender es que «ciertas personas» quieran pasarle cuenta al gobierno o gestión de gobierno en su efecto, votando por un No.

Estamos definiendo un proyecto de país, no un tipo gerencia gubernamental. El Código no inventa nada nuevo, solo pone en papel la vida cotidiana de miles de familias (toditas todas).

La otra cuestión que me parece descabellada es que por cuestiones de «ideologías» se diga un No porque tal Dios o más cual religión dice «según su interpretación» que es aberración. ¡Perrrrrdón! El Dios de la Biblia mediante el Espíritu Santo hizo que María –una adolescente– concibiera a «su hijo» que no era de su prometido y, luego conviviera con sus hermanastros. Vaya, si quieren más drama para complejizar la historia no busquen en Netflix, en la Santa Biblia están los guiones.

Si algo me dice que la gente perdió el sentido común es que ya no se escucha las opiniones «con serenidad» del otro o la otra. Escuchar es ascultāre, en buena lead dejar de parlotear y prestar oídos a una realidad que está ahí y es tangible. Estamos en ejercicio de democracia, de protagonismo de la sociedad civil, de pulseo ante el aumento de los fundamentalismos religiosos y políticos.

Yo no sé ustedes, pero ando cansada de verticalismos, supremacías, ausencias, silencios, individualismos. «El Código es un ensayo para que la sociedad toda reproduzca relaciones de poder dignas, afectuosas, con base en los derechos y las responsabilidades, de compromiso con el bienestar personal y común. Nos invita a ir más allá, como pueblo responsable de su propia liberación, en la apuesta por el respeto a la diversidad».

«Mojarse significa arder»

Hago mía esta frase del Colectivo La Tizza, que me estremece demasiado: «mojarse significa arder» . Y, es precisamente en el marco de la presentación del libro Incendiar el océano. Pensamiento crítico cincuenta años después, en que la Editorial Caminos, en esa amistad y admiración inmensa hacia Fernando Martínez Heredia y, por ende, a la revista Pensamiento Crítico, nos conmueve esta convocatoria a “revivirlo”. Fernando sigue entre nosotrxs y esa es una verdad como templo.

El mayor peso de lo que pueda decir prefiero releerlo en las palabras editoriales, a cargo de su compañera de vida Esther Pérez, «este libro consta de dos parte. La primara recoge las ponencias presentadas y debatidas en al coloquio celebrado en febrero de 2017 para conmemorar el cincuentenario de Pensamiento Crítico, la revista cubana de pensamiento publicada desde mediados de los setenta hasta 1971 por un colectivo perteneciente al primer Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, o, como les gustaba llamarse a sus miembros, “el grupo de la Calle K”. La segunda, convocada al calor del momento, reúne las evocaciones de Fernando Martínez Heredia, el director del PC, realizadas en el Instituto Juan Marinello por algunos de sus compañeros de tres generaciones, diez días después de su muerte inesperada».

Yo todavía no he entendido del todo la obra de Fernando —les soy sincera—. Ha sido una fuerza múltiple, en cada espacio, debate, en las maneras en que se articula y se ejecuta el pensamiento crítico, la mirada contextual a Cuba, el sentido de patriotismo, o como decimos ahora, militancia del Centro Memorial Martin Luther King Jr., ahí está él. No alcanzo a entender la dimensión del maestro que no conocí personalmente. He llegado a él, por lxs amigxs y eso es una fuerza más. La primera vez que conocí a Esther, quien por referencia sabía de su aporte sustantivo al movimiento “lutherkiniano” en Cuba, fue místico. Marcel Lueiro, quien creo es fiel discípulo de ambos (Fernando y Esther), tuvo una exquisita narración del movimiento al que hace muy poco me he incorporado para construir colectivamente. “La educación popular (EP) es lo más apabullante que puede asumirse. Una vez que entiendes la EP no te permites estar inerte”. Marcel no debe acordarse de la vez que me dijo esto, día de oficina una mañana cualquiera.

Cuando Fernando decidió sustancialmente «no seguir en el vórtice», iluso al no saber que seguiríamos su siembra. La «rebeldía es la adultez de la cultura» dijo y aquí estamos, más rebeldes, más adultos. Otras de las personas que me ha acercado a su pedagogía es Llanisca Lugo, educadora popular confesada. Su referencia a que «la Revolución es un acto de imaginación fuera de los bordes de lo posible; que en su centro están los imaginarios y representaciones, el cuerpo simbólico y cultural de la nación y no las condiciones materiales de existencia» es mantra para quienes queremos apropiarnos de su vida, de su signo.

Incendiar el océano es una utopía y lo sabemos. Es el símbolo de lo imposible ¿acaso combinan fuego y agua irresistiblemente? La alegoría a una etapa del pensamiento cubano en el que se desarrollaban una variedad asombrosa de porfías, nos convoca a la bifurcación histórica de renombrarlo. La invitación a leer esta compilación de textos que hablan de amor, compromisos, ternura y socialismo en evocación a la revista Pensamiento Crítico y la persona de Fernando, bajo la coordinación editorial de Sayonara Tamayo Arjona, la edición de Esther, el diseño de cubierta de Alejandro Cuervo y la diagramación de Frank Alejandro Cuesta, queda en manos de quienes quieran «mojarse» bajo el caudal incendiario de lo que significa la discusión pública de Cuba, de nosotros y nosotras.

Referencias

Lugo, L. (junio de 2017). Que Fernando nos acompañe. La Tizza. Recuperado el 20 de abril de 2022, de https://medium.com/…/que-fernando-nos-acompa%C3%B1e…

Tizza, L. (20 de marzo de 2017). Pensamiento Crítico: hervores de medio siglo. La Tizza. Recuperado el 20 de abril de 2022, de https://medium.com/la-tiza/pensamiento-crítico-hervores-de-medio-siglo-be9f8a4cf232#.e4up77rzg

«Palabra precisa», un mal ensayo de democracia

Reflexiones sobre el programa de la televisión cubana «Palabra Precisa» transmitido este 1ro de abril de 2022 en el Canal Cubavisión.

«Ensayaron un mal ejercicio de pluralidad en un programa y canal de alta audiencia del sistema de medios públicos en Cuba. La invitación al pastor Bárbaro Abel Marrero Castellanos de la Convención de Iglesias Bautistas Occidental y a la PP. Dora Ester Arce Valentín, de la Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba, no fue un debate ni un diálogo; fue, tristemente, un juego perverso contra el Código de las Familias.

La propuesta de Marrero Castellano sobre el CFs, que también es su propuesta de país debería escandalizarnos a todos –incluídos los que deciden espacios en la TV–, máxime en un estado que desde su Carta Magna dice «laico y de derechos». Lo digo alto y claro: sobre los derechos de las personas no se esbozan propuestas fundamentalistas, no se «juega» a ver quien tiene la razón. Es más, no se plebiscita ningún derecho universal.

Las familias en Cuba, desde diversos ámbitos, dimensiones y estructuras han sido vulneradas. Si el objetivo del programa era decir que hay varias maneras de entender el Código desde el cristianismo, pues salió muy mal, el abanico ecuménico es más diverso.

Las amenzas desde la voz de uno de los representantes políticos del fundamentalismo evangélico cristiano, si se aprueba el Código fueron frontalmemte abiertas. Eso se traduce en pulseo contra la política de gobierno, contra la dignidad de las personas históricamente oprimidas, contra un proyecto de ley que apuesta por la felicidad y los afectos. ¿Realmente está en peligro las familias cristianas o el dominio colonizador de algunas iglesias?

Debo resaltar, para alivio de quienes sí defienden una Cuba justa en este sentido, que hay otras iglesias alternativas, abiertas, inclusivas, radicalmente progresistas, que acompañan y no imponen, que cuidan y no abusan, que Sí están a favor de todos los derechos para todas las personas.

La misión de la iglesia es dignificar a las personas, no negarle sus derechos. Image: Sentiido

De las ideas que más suscitaron el debate, me atrevo a darle respuesta con las mismas respuestas de Arce Valentín:

La iglesia NO regula la sociedad, ACOMPAÑA a las personas en sus decisiones individuales y comunitarias.

La iglesia NO puede decidir sobre las individualidades de sus feligreses, ACOMPAÑA las formas de relacionarse con Dios.

La iglesia NO impone una ideología, anima a seguir la propuesta ética y liberadora de Jesús.

La iglesia es luz y sal, sí, para quienes han perdido el sentido de la vida.

La iglesia es luz y sal, sí, para darle sentido de esperanza a todas las personas y sus familias.

La iglesia es luz y sal, sí, para que no se nos «vaya la olla» si se quiere oprimir a quienes solo quieren ser felices.

La iglesia es el reflejo de Jesús y él lo ha dicho: «yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia» (Juan 10:10).

Termino con un ejemplo. El propio Jesús al que seguimos y profesamos, es hijo de una adolescente y un padre «invisible», criado por un padre putativo y con poco roce de familiares cercanos. Jesús nació vulnerado en una cochiquera cuando otros celebraban fiestas tradicionales y fue amenazado de muerte por un gobernante esquizofrénico. Si alguien en su tiempo necesitaba un Código que protegiera su infancia y familia era el mismísimo Jesús de Nazaret».

Hipócritas

Lo que ocurrió anoche en la premiación de los Oscar es inadmisible. No me refiero al puñetazo de Will Smith a Chris Rock –de eso hablo luego–. Parece ser que el humor es parte intríseca de avergonzar, denigrar, humillar a quienes por «algún motivo» tienen «algún defecto».

Todxs reían mientras Rock se jacataba de su forma de hacer chiste. Un chiste pujón. Un chiste de mal gusto. La cámara enfocó la cara molesta de Jada Pinkett. Todxs siguieron riéndose. Al parecer hay un consenso para reír mientras otros sufren. Me resisto a esa cultura de violencia simbólica. Violencia, además, a una mujer negra «comparada» con una realidad ficticia blanca.

Will Smith se paró porque respondió a «lo macho» a una ofensa a «su esposa». ¿Cómo hubiera reaccionado el público si la propia Jada hubiera ejercido el bofetón? La solución no hubiera sido la misma, ni tan siquiera la pasadita de mano de Denzel a su amigo.

La reacción de Hopkins con «paz y amor» es muy absurdo porque no fue a él ni de él que se burlaron. Es pura «complicidad académica» tapar la implicación de la burla a una mujer. Los memes que casi todxs hemos visto dan cuenta del altercado, muy poco sobre el «feeling» de Jade.

¿Con una demanda hubiera bastado? No lo creo. Avergonzar es parte de una política estructural. La estructura que hace que viremos la cara.

En fin, la hipocresía.

Déjame reposar la cabeza

Hace tiempo no escribo en esta extensión de mí casi mutilada. No ha sido por falta de deseos, mucho menos por energías. Mi excusa es el tiempo. He estado pensando hace varios días contarles cómo me va en un «nuevo lugar» que mucho me trae de vuelta de cabezas. Mientras tanto, como hoy 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía, les comparto de mi proyecto Ramé, un poema.

Déjame reposar la cabeza

Las distancias, la lluvia, los cigarrillos, el blúmer, el lapicero, la carterita. Decidimos despojarnos de todo. Hasta del viento leve, el resplandor leve, la caricia leve. Mi memoria hace un recorrido en zigzag. Ahora hay penumbras, o más bien, hubo penumbras. Recuerdo atravesar el jardín, esas distancias equidistantes, tormentosas. Empezamos tú y yo, pero casi siempre eran tres.

Déjame reposar la cabeza. Las distancias… los cigarrillos, el blúmer.

Menstrúo. Menstruamos y todo sigue pálido.

Arial 14: Hurtos en devolución

Foto: Tomada de Unsplash

Confieso que, en ciertas circunstancias, he sustraído “algunos” libros. Y, entre usted y yo, para mí no hay nada más excitante que deshojar con la vista uno favorito. Casi siempre llevo en mi mochila un par de audífonos, algo de comida y un buen texto.

La triada perfecta para no perecer ante la agonía que a veces supone la vida. En cualquier cola, en los lugares más insospechados, cuando la oportunidad se presenta, saco mi “güinche” y ataco.

Escribir, dicen los que han hecho de este ejercicio una forma de vida, es un acto de compartir. ¿Y qué es lo que se comparte, entonces? Cuando alguien escribe se convierte, sin quererlo, en un personaje más. Luego, tiene la necesidad de darle una vida que, tal vez, puede ser la suya o la de contextos que vivió o le contaron.

No se trata solo de conformar un personaje dentro de una historia, o una historia en sí. Escribir, es compartir un trozo de la realidad y multiplicarla en hojas que después serán leídas. Es algo así como un producto que se construye y luego “desbarata” con el background del lector.

<p class="<blockquote class = ”alignleft”>" id="El escritor se convierte para muchos en referente, incluso, en un confidente lejano que, irónicamente, también narra nuestras historias. Escribir es enjaular la soledad y, de a poco, matarla.

No puedo hacer una lista con todos los libros que he leído, tampoco con los que me faltan. Pero, una cosa sí tengo clara, la lectura ha sido aliciente y divertimento, cosas que juntas me (le) convierten en un empedernido lector.

Cada año, cuando la Feria Internacional del Libro y la Literatura llega a esta provincia, tomo casi un cuarto de mi salario (en estas ocasiones el robo no es permitido) y compro en formato duro, al menos, 10 ejemplares.

Les confieso algo más: hace tres años colecciono todas las publicaciones de Ediciones Ávila. Me faltan, por supuesto, más de la mitad de lo publicado. Sacando cuentas, si desde que se fundaron las editoriales territoriales para visibilizar a los autores locales y hace tres años compro al menos 5 ejemplares, todavía me falta mucho por leer. Obvio.

Entonces, he decidido conocer de primera mano las historias detrás de cada libro a través de sus autores. Cosa que creo será fácil porque los creadores avileños también son lectores empedernidos que hacen colas y llevan mochilas como yo.

Emprenderé un viaje para hurtarle al cuerpo de los libros un análisis en esa linde entre párrafos y una segunda lectura que, seguramente, se escribieron, de forma predeterminada, en algún tipo de letra. La mía, la que cada semana entregaré para compartir “como hacen los escritores” será, como en las grandes convocatorias literarias, en Arial 14.