No sé

La soledad ni siquiera es un estado transitorio

Una sabe qué decir, o no, ante una pregunta. A veces, solo a veces, me quedo patitiesa con una de esas preguntas para-no-pensar. Hay preguntas que merecen respuestas, otras no

— ¿Estás sola?, pregunta mi madre

Hace tiempo que no hablo con ella de estos temas tan “espirituales”. La última vez fue a medias y el resultado fue un silencio atroz. Le había dicho, tajantemente, que no quería tener relaciones “normales” (pedido que me había hecho al ver a casi todas mis amigas con novios).

Esta vez le dije que sí. Porque no importa si estás acompañada de una persona para sentir esa soledad que carcome. He estado en una heladería a las cinco de la tarde, en pleno bulevar y estado sola en medio de un jardín.

La soledad ni siquiera es un estado transitorio. A mí me ha tocado ser sola, que no es lo mismo que estar sola, siquiera. He viajado horas en la carretera de este país, en todo tipo de vehículo. He ido a buscar a personas y multitudes y he sentido la misma soledad de estar en medio de la una terminal de ómnibus con el dinero exacto para el pasaje y solo tomando agua.

Me he preguntado muchas veces si esta soledad es un castigo. He buscado todas las canciones sobre la soledad, sobre estar sola, sobre lo que conlleva estar sola. Al parecer no soy la única.

Hay soledades que te sobrecogen, te abrazan y logras arrancar unos buenos textos que tenías pendientes. Hace poco tiempo, de hecho dos meses y tres días vivo sola en un apartamento que en un principio se me hacía pequeño. Hoy es mar abierto.

Otras, muy místicas, elevan distancias. De esas que intentas aunar con un solo puño. Con una misma tierra. Sembrar en esta soledad es también místico. Auguro unos tomates en un par de semanas.

Pero hay otras soledades que devienen preguntas que transgreden más y no puedes rebatirle a quien las hace. Sobre todo cuando esas preguntas son estáticas y llevan como respuestas un yes or not. He preferido no contestar, pero no es una opción. Nunca es una opción.

— ¿Eres humana?

Me detengo unos dos minutos ante mi pantalla que se me hace inmensa.

—No sé, no sé

Hay pájaros ciegos que nunca vuelven de la soledad ni del hastío de ser humano.

S/T, proyecto de libro Ramé

Amo una mujer miope con unos horrendos derechos sobre mi cuerpo. He rezado tantas veces el Padrenuestro que casi los vomito sobre herencias y muertes.

La letanía de perdónanos-las-deudas-como-nosotros-perdonamos-a-nuestros-deudores es una completa farsa.

El placer de mirar tus senos es mejor que el “perdónanos…”,

el cura,

las velitas,

las figuras en las paredes.

Es posible contarte las culpas.

Tararear la canción de reggaetón del momento y que valgan los reveses en esta hoja de papel. Sé que mi madre llora allí en su patio cuando yo me decido*, cuando beso tu frente ya no se escandaliza.

Sigue llorando.

He decidido comprar algunos pañuelos.

*Soleida Ríos, Fuga (2004), Agua de Otoño

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