Diseminaciones del cuerpo, Pasarela

La dimensión del cuerpo como proceso político en Pasarela (1999), de Laureano Vázquez es una constante de la cuentística finisecular. La necesidad de salvación en la voz lírica del autor imprime necesidades en sus personajes. Este libro, por demás primer Premio Eliseo Diego (1997), puede ser un punto de partida para la historiografía de lo queer en Ciego de Ávila. Sin pecar de absolutismos, según las palabras de los editores[1], esta entrega contiene el «erotismo marcado, desesperanza y sueños por realizar (…). El mundo de la moda, una visión cruda y realista de la homosexualidad, la iniciación sexual, entre otros, son aspectos que hacen de este volumen necesario y novedoso». Conformado por cinco cuentos: «Striptease», «Hello Hemingway», «Cambio de imagen», «Frenéticos» y «La isla del tesoro», tipifican en ellos las relaciones sexo-género en un entorno marcado, desde la ¿ficción?, por la crisis socioeconómica de la década de los 90.

Portada del libro

La sexualidad sirve, en primera instancia, según Michel Foucault[2], como un dispositivo de poder. La revelación premonitoria en Histoire de la Sexualité, sobre la comprensión del sexo como un «cuerpo construido culturalmente», en Pasarela se muestra a través de la exposición transversal y abierta de un sujeto queer que debe exorcizar sus miedos:

Cuándo vas a atreverte. Estamos en carnavales, por ahí andan muchísmos trasvesties. Pero tú eres pendejo hasta para pelarte. Llevas más de diez años con la cabeza rapada, símbolo de tus deseos reprimidos; además tú eres microcefálico, así se te ve más chiquita; deja florecer tu cabello y florece tú también que estás marchito. (p. 9)

El cuerpo como una constante. El cuerpo como una disidencia ante una cultura heteronormativa y cisgénerica. El cuerpo como una zona de defensa. El cuerpo en «Striptease», como antes citaba, también es una manera de delimitar belleza-sexo:

Era una experta trasformista aquella maricona obesa de curvas fabricadas a fuerza de cinturones y fajas. Las lengüetas de pelo negro caían sobre sus cachetes afinándole la cara, lo que la beneficiaba considerablemente. (p. 9)

En tanto, como prácticas políticas performativas de los cuerpos que subvierten las normas de género, cada personaje construido en la obra de Vázquez, representa, también, una necesidad de subversión de los cuerpos abyectos[3]. Es contrastivo, por un lado, la construcción de un sujeto lírico que es desolado por el miedo, la desdicha, los clichés y, por supuesto, el desamor. Por otro, las resistencias ante la deconstrucción de una realidad a la que debe/tiene que someterse como parte del poder «outing».

Sentí unos deseos enormes de correr hacia él, abrazarlo y suplicarle que dejara aquello, decirle que por mucho que lo disfrutara esta noche, el mal sabor de los recuerdos lo harían sentirse desdichado mañana, así me sentía yo de tan solo imaginarlo. Maricón, ¿tu infelicidad será vocacional o genética? Cómo malgastas tu existencia, eres un experto en anhedonia; a lo mejor el pájaro está realmente happy, quizás lleva años deseando sentirse reina y esta noche lo decidió, no interfieras en su monarquía, ve a lo tuyo. (p. 13)

Aunque este volumen, en el caso del primer cuento que hemos citado, no escapa de espacios comunes y ampliamente tratados en la literatura cubana en general; los procesos de reproducción y movilidad social concentrados, por ejemplo, desde el comercio sexual, fungen como espejo de la crisis finisecular:

Caramba, qué suerte tiene el pigmeo, un italiano, y tú con seis pies y una dentadura Colgate sin coger ni al culpable. Si apareciera aunque fuera un vietnamita que viniera dos veces al año y te llevara a basilar[1] y luego te dejara un poco de pesos convertibles para sobrevivir, pero es que no sirves para eso, lo que no te entra por los ojos… (p.8)

El cuerpo sigue como motivo con la asunción de identidades estigmatizadas. Un dato interesante en el que coincido con V. Fowler[4] es que, a pesar de que el volumen de Pasarela posee en sí un dramatismo y soltura desde lo queer, escasa promoción y crítica ha tenido en el panorama nacional.[5] El mismo Fowler dice: «En 1997, Pasarela obtuvo el premio entre los narradores, y dos años más tarde apareció publicado dentro de la serie Premios en Ediciones Ávila de la provincia, en cantidad de 1.000 ejemplares. Son datos relevantes para comprender la escasa circulación que ha tenido el libro y la escasa resonancia crítica a su alrededor, a pesar de que en él aparecen varios de los textos más alucinantes que hayan visto la luz en los últimos años en nuestro país; en especial el citado “La isla del tesoro” (que cierra el conjunto) y el titulado “Striptease” (que le da inicio)».

En el caso de «La Isla del tesoro», narra la historia de un adolescente que viaja en tren a La Habana en busca de dinero enviado por un hermano desde los Estados Unidos. Sin el dinero y de regreso, el joven homosexual se enfrenta a la ruin y despiadada sociedad que le arrebata de las manos — además del dinero — , la inocencia. Creo válido resaltar otra de las consideraciones de Fowler, uno de los críticos más lúcidos del país, sobre este cuento en particular:

“Si algún aprendizaje ha habido quizás sólo sea que los mundos del país han cambiado y que las nuevas condiciones en las que tiene lugar su economía generan ambientes de permanente amenaza; esto más el inquietante correlato de una sexualidad desbordada, sórdida, siempre dentro de una violencia que impide cualquier romantización de lo erótico. El fragmento que citamos como exergo corresponde al momento en que el narrador-protagonista se encuentra preso en una estación de policía, bajo la acusación (¡claro que falsa!) de haber tocado las nalgas de una señora gorda en un ómnibus; en un momento de su detención aparece un grupo de policías que trae detenida a una pareja “bastante sospechosa”: el Gualfa y Caruca Sorbeto. A la tal Caruca Sorbeto la destinan a trapear el vestíbulo del lugar y al agacharse “un par de cojoncitos arrugados asomaron por la minifalda” (p. 55). Tal episodio es lo que provoca la risa de los guardias y el desplazamiento hacia lo carnavalesco en el ambiente.” (Fowler, 2006)

Según los estudiosos[6], homoerotismo y homosexualidad[7], aunque intrínsecamente relacionados, no contienen la misma carga simbólica. La comprensión de esta dimensión en Pasarela, con un binomio que, además, desliga sexualidades-género, contiene la diversidad de las experiencias sexuales entre personas del mismo sexo. No es posible entender, por ejemplo, «Cambio de imagen» (pp. 22 a 26) desde lo etnocéntrico del término homosexual, porque la sexualidad del sujeto-personaje pasa por la discriminación y aceptación de una sociedad con necesidades sexo-afectivas. Tal aseveración es sustentada en Sierra (p. 90)[8]: «El término homosexualidad posee un marcado carácter etnocéntrico, pues utiliza los conceptos de un discurso médico y occidental, sin tener en cuenta la diversidad de los homoerotismos en otras realidades culturales».

Siguiendo esta lógica, Vázquez entrelaza la idea de sexo con la de sexualidad. La protagonista de «Cambio…», una modelo con aspiraciones de grandezas, tiene un «problema». Pareciera, a priori, que el problema es el cuerpo, lo relacionado con él. Uno de los pasajes iniciales nos muestra la contradicción ¿acaso? entre erotismo y sexualidad.

Siempre era igual. Se iba a la cama sin sueño, agotada y tensa. Apagaba la luz y era como si encendiera el canal de las pesadillas. Ponía una almohada entre sus piernas y con la otra se cubría la cabeza. Daba mil vueltas tratando de apartar los fantasmas sin conseguirlo; acariciaba sus pezones, rozaba suavemente sus pechos y se perdía. La excitación aumentaba al punto de volverse incontenible. (p. 22)

¿Podemos encontrar un sujeto queer en Cambio…? Tal vez. Aunque, a mi juicio, lo más interesante es la idea de sexualidad pública, abierta, obsesa si se quiere, de un personaje que disfruta de la masturbación privada (hasta cierto punto). No podemos evitar leer ciertos vicios en este volumen que, aunque transgrede las realidades de la década del 90 del pasado siglo (y toda la carga histórica), el sujeto queer sigue provocando ansiedades. Lo demuestra, en este caso, en un salto cualitativo en la «moral» de Heather:

Cambiaron los valores (…): sexo en grupo, anorgasmia inconfesable, contratos que se pagan en la cama, de repente el amor, ganas de tirarlo todo por la borda, en fin, el caos. (p.24)

En tal caso, el uso del erotismo — también como motivo queer — produce poder. La transgresión debe tener en sí amenazas ante el poder. El cuerpo sería el vínculo performático de esa amenaza[9]. La narración nos coloca disyuntivas: ¿Es la masturbación en sí enfermiza? ¿Cuáles son los límites en esa construcción de lo «enfermo»? ¿Por qué catalogar el sexo colectivo como un salto moral en retroceso? ¿El sexo pago y consensuado (que muchas sociedades no tolera) puede considerarse como una constante de deterioro? La observación de la masturbación como acto performático, ¿qué límites tiene?

A ello sumamos los rasgos andróginos que el autor imprime al personaje: «caminó como hombre, con los modales rudos y la ambigüedad a flor de piel». Aunque no podemos definir, con rasgos distintivos, un sujeto homo, trans, lésbico, intrasexual, en el personaje de Heather, hemos elegido este cuento, más allá del conflicto social que presenta (en tanto al mundo de la moda) por la trayectoria y acción de desenlace:

Se alejó unos metros y giró para retroceder en dirección al jurado, se paró con las piernas abiertas y en pleno acto de desafío alzó su brazo con fuerza y levantó el dedo de masturbarse, retándolos a aceptarla. (p. 26)

Otro de los textos más complejos en Pasarela es la cuarta propuesta, «Frenéticos» (pp. 27 a 40). El tratamiento del sujeto queer desde lo transexual resulta interesante en varios aspectos: lo transexual no es entendido como una condición de identidad sino como una deformación, un error. Desrarificar a los raros, en este caso por parte del lector que, no sé si es propósito primero del autor, es quien descifra la trama en primera instancia. Digamos, el derecho a la felicidad como estandarte para una vida «normal» y que, en voz del personaje trans, es situado como una utopía alcanzable. El cruce entre travestismo, transexualidad e identidad queer, nos muestran prejuicios que perviven acerca de lo trans.

«El tipo es maricón» (p. 31), «es un transexual» (p. 32), «un bugarrón con tetas» (p. 33), «si la cosa es así, te casas con él aunque sea hermafrodita» (p. 35) son frases importantes (aunque controvertidas) para entender los sujetos queer que se correlacionan en «Frenéticos».

Los personajes, con sus características, tipifican tres tipos de sexualidades e identidades: transexualidad femenina, heterosexualidad disidente y un posible lesbianismo. Vayamos por partes.

Vanesa (el personaje que envía los mensajes a Estela) relata una cronología sobre los vericuetos entre sexo asignado, su género y su orientación sexual:

Siempre fui un niño solitario, taciturno e introvertido; a veces melancólico y triste. Mi hermano gemelo era distinto, aunque ambos fuimos criados bajo los mismos preceptos religiosos; crecimos marcados por la sobreprotección de nuestra madre y la intolerancia de papá. (p. 29)

Comencé a experimentar una incongruencia entre mi sexo biológico y mi identidad de género, me asediaba el dilema de sentirme atrapado en un cuerpo que no era el mío, mi identidad emocional interna no concordaba con el aspecto de mis genitales ni con otras características sexuales secundarias; mi apariencia y configuración eran masculinas pero deseaba cambiar. (p. 31)

El sujeto lírico asiste a una oposición entre naturaleza y cultura. Según Butler[10] «el sujeto heterosexual, homosexual o transexual no es alguien que lo sea a consecuencia de una verdad interior que lo determine, sino alguien que va siendo en la medida en que materializa un cierto discurso que lo lleva a preguntarse por su identidad, es decir, en tanto cite en su vida el código heteronormativo».

Además:

Mi condición de mujer me define como un individuo heterosexual, pues me siento atraído por el sexo opuesto, en este caso, los hombres. Pero es ahí donde comienza mi tragedia; no soporto ser penetrado, he intentado varias veces y me resulta desagradable. En cambio cuando penetro, siento que el sexo se me hace más placentero y la comunicación con mi pareja es más íntima. (p. 32)

La propuesta ofrecida por Vázquez, aunque infiero que no de manera consciente, propone un nuevo elemento ampliamente estudiado por las tesis queer: lo transfemenino/masculino/queer[11]. En tal caso, la mirada debe «proponer lecturas homo-sociales, y un ejercicio de interpretación descentrada de la matriz heterosexista» (p. 36). La relación entre lo masculino/femenino desde lo trans se complejiza mucho más en tanto la dimensión corpus. Como antes mecionaba, en Pasarela, de manera general y particular, es el cuerpo una constante, una disidencia ante una cultura heteronormativa y cisgénerica, una zona de defensa.[12]

Notas:

[1] La palabra correcta debió ser «vacilar».

[1] Yamilé Tabío y Sergio González Castro

[2] (Foucault, 2002)

[3] La primera vez que escuché el término «abyecto» fue a una monja teóloga que ofrecía una conferencia sobre teología de la sexualidad decolonial. Luego, en varias revisiones a autores, ha sido un recurso permanente.

[4] (Fowler, 2006)

[5] Según Daniel Balderston, en Latinoámerica de manera general hubo una «conspiración del silencio». Ver en (Balderston, 2004)

[6] Revisar bibliografía consultada.

[7] En la bibliografía consultada, homoerotismo es definido por algunos como identidad, por otros como perspectiva y para muchos como poesía.

[8] Ver: (Madero, 2005)

[9] Debo acotar que (Kaminsky, 2008), en la construcción de un verbo queer, aporta términos sobre la amenaza con diluir el énfasis en el cuerpo y el deseo.

[10] (Butler, 2008)

[11] Dentro de los críticos sobre lo queer, en esta investigación empatizamos con (Rodríguez, 2001)

[12] En este artículo hemos obviado de manera intencional el cuento «Hello Hemingway» (p. 15) porque corresponde a otra dimensión del cuerpo no trascendental para este artículo.

Referencias:

Balderston, D. (2004). El deseo, enorme cicatriz luminosa. Ensayos sobre homosexualidades latinoamericanas. (B. Viterbo, Ed.) Rosario, Argentina.

Butler, J. (2008). Cuerpos que importan, sobre los límites materiales discursivos del sexo. Buenos Aires: Paidós.

Foucault, M. (2002). Historia de la sexualidad I. La voluntad del saber. Buenos Aires: Siglo XXI.

Fowler, V. (2006). El fuego que devora. Nuevas vías de la lírica y del cuento en Cuba. In V. Verlagsgesellschaft, Desde aceras opuestas: literatura-cultura gay y lesbiana en Latinoamérica (pp. 139–148). Alemania: TCCL Teoría y crítica de la cultura y literatura. Retrieved mayo 15, 2021

Kaminsky, A. (2008, octubre-diciembre). Hacia un verbo queer. Revista Iberoamericana, LXXIV, pp. 879–895. Retrieved mayo 13, 2021, from https://revista-iberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana/article/viewFile/5215/5373

Madero, A. S. (2005). Sexualidades disidentes en el siglo XIX en Cuba. Fundación Fernando Ortiz, 16. Retrieved mayo 14, 2021, from www.cubarte.cult.cu

Rodríguez, I. (. (2001). Cánones literarios masculinos y relecturas transculturales: lo transfemenino/masculino/queer. Barcelona: Anthropos.

Vázquez, L. A. (199). Pasarela. Ciego de Ávila: Ediciones Ávila.

No sé

La soledad ni siquiera es un estado transitorio

Una sabe qué decir, o no, ante una pregunta. A veces, solo a veces, me quedo patitiesa con una de esas preguntas para-no-pensar. Hay preguntas que merecen respuestas, otras no

— ¿Estás sola?, pregunta mi madre

Hace tiempo que no hablo con ella de estos temas tan “espirituales”. La última vez fue a medias y el resultado fue un silencio atroz. Le había dicho, tajantemente, que no quería tener relaciones “normales” (pedido que me había hecho al ver a casi todas mis amigas con novios).

Esta vez le dije que sí. Porque no importa si estás acompañada de una persona para sentir esa soledad que carcome. He estado en una heladería a las cinco de la tarde, en pleno bulevar y estado sola en medio de un jardín.

La soledad ni siquiera es un estado transitorio. A mí me ha tocado ser sola, que no es lo mismo que estar sola, siquiera. He viajado horas en la carretera de este país, en todo tipo de vehículo. He ido a buscar a personas y multitudes y he sentido la misma soledad de estar en medio de la una terminal de ómnibus con el dinero exacto para el pasaje y solo tomando agua.

Me he preguntado muchas veces si esta soledad es un castigo. He buscado todas las canciones sobre la soledad, sobre estar sola, sobre lo que conlleva estar sola. Al parecer no soy la única.

Hay soledades que te sobrecogen, te abrazan y logras arrancar unos buenos textos que tenías pendientes. Hace poco tiempo, de hecho dos meses y tres días vivo sola en un apartamento que en un principio se me hacía pequeño. Hoy es mar abierto.

Otras, muy místicas, elevan distancias. De esas que intentas aunar con un solo puño. Con una misma tierra. Sembrar en esta soledad es también místico. Auguro unos tomates en un par de semanas.

Pero hay otras soledades que devienen preguntas que transgreden más y no puedes rebatirle a quien las hace. Sobre todo cuando esas preguntas son estáticas y llevan como respuestas un yes or not. He preferido no contestar, pero no es una opción. Nunca es una opción.

— ¿Eres humana?

Me detengo unos dos minutos ante mi pantalla que se me hace inmensa.

—No sé, no sé

Hay pájaros ciegos que nunca vuelven de la soledad ni del hastío de ser humano.

S/T, proyecto de libro Ramé

Amo una mujer miope con unos horrendos derechos sobre mi cuerpo. He rezado tantas veces el Padrenuestro que casi los vomito sobre herencias y muertes.

La letanía de perdónanos-las-deudas-como-nosotros-perdonamos-a-nuestros-deudores es una completa farsa.

El placer de mirar tus senos es mejor que el “perdónanos…”,

el cura,

las velitas,

las figuras en las paredes.

Es posible contarte las culpas.

Tararear la canción de reggaetón del momento y que valgan los reveses en esta hoja de papel. Sé que mi madre llora allí en su patio cuando yo me decido*, cuando beso tu frente ya no se escandaliza.

Sigue llorando.

He decidido comprar algunos pañuelos.

*Soleida Ríos, Fuga (2004), Agua de Otoño

Días después de la esperanza

Hace poco un amigo me preguntó qué hacía ahora que todes estábamos en casa. Buena pregunta, más allá de dialogismos y símbolos que pudieran justificar mi respuesta. —Nada—, le contesté.

Cuando me pidieron escribir un texto sobre los desafíos de les jóvenes en tiempos de pandemia tuve la intención de hablar mucho y de todo. Pero, la respuesta a mi amigo marcó lo que he llamado el “desafío de la nada”.

Día 1

Hace poco más de un mes adopté un peludito. Pequeño en edad, pero ya se estira a lo grande.

Día 2

Vivo en un edificio que tiene 9 plantas. Imaginarán que es muy viejo. Creo que se construyó en los años 80 del pasado siglo. Digo viejo, porque una edificación bajo estos calores, roturas y otros demonios, ya con 5 años es un centenar. Se me tupió el vertedero de conjunto con el fregadero y el baño.

Todavía la gente —o más bien yo— no tenía (n) la percepción de riesgo antes de haber cruzado los 70 infectades en Cuba. Por lo que llamé a un amigo (hombre orquesta) para que me ayudara.

No pudo.

Día 3

El peludito que me acompaña en el apartamento se llama Pepe. Me pasé dos días con tupición y vigilando a Pepe para que no husmeara en el agua putrefacta.

—¡Pepe, me tienes obstinada con tu hocico metido en todos lados!

—jau jau jau

Ni clara respuesta de Pepe, ni del hombre-orquesta, ni baja el agua.

Día 4

Decidí meter una manguera a presión en el hueco del vertedero. Milagrosamente se destupió. No me pregunten mucho más.

Día 5

07:00 y estoy con los ojos pegados al techo. La costumbre de estar despierta para ir a trabajar.

22:00 sigo con los ojos pegados en el techo. Prácticamente no he hecho nada (tal vez descansando de la tupición).

Día 6

Me gusta el balcón de casa y en tiempos de calma leo. Un buen texto siempre viene bien. Terminé de leer finalmente Rayuela (qué manera de dejarlo y tomarlo y dejarlo y tomarlo hasta el cansancio).

Día 7

Me di cuenta que tomo 12 veces en el día café. Algo que, por supuesto, me altera. Decidí reducir la cuota. Terminar un texto que hace un mes navega sin suerte en el Word y seguir en casa. Quienes hicieron el slogan de #quédateencasa nunca imaginaron los nervios que circulan en nuestras piernas por poner un pie al menos más allá del portal.

***

En 7 días hice muy poco. Desaproveché con desmedida el tiempo. Desaprovechar hoy es un lujo. Pienso en mis colegas de aquí, los de allá. Pienso en América Latina. El desafío de la nada nos impone crear, construir, hacer desde casa. Estremecer la casa si es preciso, arreglar cosas en desuso, pasar tiempo con la familia (en caso de que se viva con ella), des-movilizar la fatiga.

El primer reto que se nos impone es el de la realidad. Saber cuáles son nuestros límites y nuestras anchuras. Es una pandemia no una gripe como apuntan mandatarios de derecha en la región. Saber que la coyuntura sanitaria condiciona la política y el ecosistema sociopolítico.

Fernando Martínez Heredia en “Siete retos para los jóvenes de América Latina”[1], tan previsorio el maestro nos alertaba sobre el peligro de las crisis (una mucho más grande que esta):

“Padecen hambre o carecen de alimentación suficiente, de servicios de educación y de salud, de empleo, y viven en familias precarias. Saben del trabajo infantil, de la delincuencia de los pobres, la prostitución y el consumo de drogas baratas. Esos jóvenes no están aquí, no conocen lo que hacemos ni nuestros escritos –muchos no podrían leerlos–, ni es probable que les interesen. No suelen votar, porque no sienten suya la política que existe en sus países. Por consiguiente, muchos pueden ser acarreados precisamente por los culpables de la vida que llevan, si les resuelven algunas de sus necesidades perentorias.”

Antonio Gramsci, por su parte apunta algo que en nuestra realidad, nos coloca el desafío de la Palabra. “La realidad está definida con palabras. Por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad”. Hemos sido inundados de información o más bien desinformación. Los grandes conglomerados de información nos han hecho desvariar una que otra vez. Como jóvenes hemos sido epicentro de desconcierto y ataque. Saber elegir qué consumir o no constituye un acto de civismo y extremo revolucionario.

La infopandemia o el infovirus como algunes estudioses le han llamado, hoy que pasamos más tiempo frente a las pantallas de nuestros teléfonos y laptop, es el principal enemigo: visible y poderoso.

A mi juicio, y por último, nuestro principal desafío es la esperanza. Cuando era pequeña solía cantar aquel estribillo: “venga la esperanza, pase por aquí”. Hoy pido a gritos que esa esperanza no solo pase por mi edificio 9 plantas que los años han destruido de a poco, sino que se junte con más fuerza y el recorrido llegue más y más lejos.

La gente necesita esperanza. Y esperanzar, más allá de un verbo transitivo debería convertirse en un verbo “permanente”. Paulo Freire nos dejaba algunas pautas:

“Es necesario tener esperanza, pero esperanza del verbo esperanzar, porque hay gente que tiene esperanza del verbo esperar. Y la esperanza del verbo esperar no es esperanza, es espera.

“Esperanza es levantarse, esperanza es ir detrás de lo que se quiere, esperanzar es construir, esperanzar es no desistir. Esperanzar es llevar adelante, esperanzar es juntarse con otros y otras para hacer de otro modo…”

Foto: Tomada de Hello Creatividad


[1] (Heredia, 2017)

¿Por qué leer Condimentos feministas a la teología?

Lo que encontramos en Condimentos… no es más que experiencias acumuladas y plasmadas en un papel que empieza a hablarles a otras mujeres que “viven en la calle y en la iglesia”.

De casualidad este libro llegó a mis manos. Lo saboreé como se hace con un buen plato. Desde las primeras páginas se respira el buen sazón que se necesita para entender los procesos que vivimos nosotras las mujeres y, en especial, las latinoamericanas. Luego, de golpe, lo volví a hojear. Esta vez intentando recordar los sabores que Ivonne Guevara, teóloga feminista y brasileña dejaba junto a los escritos de «Condimentos feministas a la teología».

Lo llamamos Dios porque heredamos esa palabra…

«Muchas mujeres tenemos la experiencia de que estamos habitadas por una débil y fuerte fuerza, por un soplo que no sabemos pronunciar qué es ni quién es. Lo llamamos Dios porque heredamos esa palabra… Es, en parte, nuestra imagen y semejanza, capaz de entender nuestros lamentos y guardar nuestros secretos…
No queremos aprender dogmas ni mandamientos emanados de su presencia descrita en un discurso racionalista. Algo o alguien simplemente es en nosotras y en todas nosotras de forma silenciosa e inefable.»

La determinación del Vaticano al censurarla devendría lucha colectiva e inspiración para sus generaciones.

Tal vez Guevara, cuando en 1944 al problematizar temas como el aborto y los derechos reproductivos con respecto a la cultura eclesial cisheteronormativa y machista, no pensó que la determinación del Vaticano al censurarla devendría lucha colectiva e inspiración para sus generaciones. Según entrevista concedida a El Periódico feminista, Mujeres en Red, Guevara anota sobre la militancia de todos estos años: “Así, el feminismo ha sido para mí un encuentro, una conciencia, un encuentro con mujeres del medio popular, un malestar, un aprendizaje…”

Lo que encontramos en Condimentos… no es más que experiencias acumuladas y plasmadas en un papel que empieza a hablarles a otras mujeres que “viven en la calle y en la iglesia”. Hacer recomendaciones a este libro valdría la pena por varias razones.

La feminidad se ha convertido en piedra de tropiezo para estos poderes…

En nuestras sociedades jerarquizadas, coloniales y blancas, la feminidad se ha convertido en piedra de tropiezo para estos poderes. Los reclamos de varias mujeres de fe y el diálogo que hemos sabido hacer entre nosotras molesta a los machos (pastores, cleros, laicos, vecinos, primos, amigos, policías, gobernantes, etc.).

Ejemplos hay en las calles, en las plazas, en la vida de la gente. Ejemplos sobran al demostrar lo que llamamos sororidad, las alianzas y ayudas que, en las disputas de sentidos, hemos preservado en colectivo.

Otra de las razones por las cuales recomiendo leer este libro se encuentra en las mismas palabras de Ivonne. El feminismo además de ser militancia necesaria, es encuentro. Y, este texto coloca una reunión, remembranza de los caminos transitados desde la fe. La deconstrucción de Dios es desafiante, porque desde la Iglesia durante muchos años se ha predicado al Dios-hombre, al Dios supremo (que se traduce en supremacista). La opción por un Dios que “en silencios” no tan agradables también se muestra mujer y es por y para los pobres, coloca condimentos que transforman esa realidad.

Digamos que Condimentos… es una pizca que le faltaba a «El mal visto desde la mujer» y no por incompleto, sino por justo. Si bien la Teología de la liberación apostaba en primera instancia por los pobres, desposeídos y en lucha constante contra el sistema capitalista, hoy la relectura de esta teología tiene huecos que Ivonne supone y dice.

Muchos de los resultados a los encuentros de mujeres o, las redes que se han gestado por nosotras mismas dentro de espacios eclesiales y ecuménicos han demostrado que se ha avanzado en programas y concientización pero no lo suficiente o necesario. Las jerarquías son más fuertes y, a priori, el análisis pareciera superfluo. Mas, el telón de fondo, la orquesta que hace bailar los elementos, advierten otras cuestiones.

Los silencios desde los espacios públicos, y el fino hilo entre lo público y lo privado, sobre todo en los espacios de poder religioso, corresponden a perjuicios muy dañinos.

Los silencios desde los espacios públicos, y el fino hilo entre lo público y lo privado, sobre todo en los espacios de poder religioso, corresponden a perjuicios muy dañinos. La iglesia Latinoamérica se concibe desde el patriarcado. Muestra de ello, la misma brasileña comentaba (refiriéndose a esas lógicas y a las ideas que lo sustentan desde la ética) a Ecupress.

¿Vivimos en una época machista?, pregunta Jesús Bastante.

“No necesariamente machista. Quiero decir que no siempre están conectados con una ética, sino con una manera de reducir al otro, de no tener en cuenta la diferencia. Estos conceptos pasan a ser teóricos, casi vacíos en la práctica. La igualdad, la alteridad, la diferencia… están relacionadas con algo. Igual a qué, diferente de qué”.

En la vigésimo novena Feria Internacional de Libro en Cuba, correspondiente a este 2020, este texto será parte del stand de la Editorial Caminos, del Centro Memorial Martin Luther King. Espero puedan comprar esta joyita y que no se queden con ese texto como premio. Les recomiendo leerlo, beberlo y compartirlo. De seguro servirá para debates, reflexiones, charlas. Yo, por lo pronto, deseo que en mi provincia Ciego de Ávila pueda presentarse y ojalá que el Centro Provincial de Libro y la Literatura lo tenga en cuenta.

Solo me queda decirle: ¡Disfruten…!

Chistes detrás de un temblor

No es la primera vez que en Ciego de Ávila se mueve la tierra. En mayo de 2012 se registraban 3,1 grados en la escala abierta de Richter. Hoy 28 de enero, a las 14:10 volvía a sacudirse la tierra, pero ahora más fuerte, 7.1 grados y profundidad de 10 km. Lo que no cuenta ningún centro son las ocurrencias de la gente, las reacciones, la profundidad de la creatividad de los que sienten el temblor bajo sus pies y hasta “en las paredes, las flores y el bucarito de mesa”.

Mientras muchos medios de prensa daban el anuncio en las redes sociales, la mamá de una compañera de trabajo la llamó haciéndole el cuento. “Mira, si ves a tu padrastro. Estaba acostado en el sofá y sintió el bum-bum. Vio la cortina de la sala moverse y vino asustado: mi amor, si ves lo que me pasó. —Fulano, sí, hubo terremoto y no te enteraste—”.

Pero hay quienes no son tan despistados y sueltan un post en Facebook que dice: “Sismos en el Caribe, incendios en Australia, Coronavirus en China y mi suegra en la casa, este planeta nos cobra factura a todos”. O, saca uno de esos memes que revuelcan de la risa a quienes lo leen y tienen todo lo necesario para viralizarse.

Otros comentan: “ahora dicen que hay un Tsunami y va a penetrar el aguaa, asere yo acabo de limpiar cojo…” Sin dudas, la risa forma parte del cubano y las mejores historias salen de hechos que, al menos en la Ciudad de los Portales, no son habituales.

Que locura… Jessica pensó que estaba poseída, jajajajaja; que tenía montado un muerto. Y Sofía y Fari fueron corriendo a decirle que las ventanas temblaban. Yo me quedé debajo de un marco de una puerta, me responde por el chat Ory a mi preocupación (ahora no quieran enterarse quién es Ory).

En el trabajo otra compañera dijo: “Ah carajo, pasa un terremoto y no lo siento”. Acto seguido toca madera, porque aunque es un hecho que estremece, nadie quiere pasar por tales circunstancias, sobre todo cuando se tiene un precedente como el de Santiago.

Siempre está el aprovecha´o, el que de momento tiene algo que decir para sacar su odio. En uno de los comentarios en el perfil institucional en Facebook del periódico provincial Invasor, una internauta comenta: “ah, bueno, es un terremoto extranjero. ¿Habrá entrado por la aduana?”.

Según reporte del periódico Escambray en Sancti Spíritus, los habitantes salieron corriendo cuando sintieron el temblor. Un hombre cuenta que estaba dormido y que lo único que logró coger fueron las llaves. Cuando estaba ya afuera de su residencia se dio cuenta que no se había peinado y las manos en la cabeza ocultando el desparpajo del pelo lo delataban.

Otra vecina, en el mismo reporte, cuenta que su cama era un taladro en constante movimiento. Lo más gracioso resulta las manos y el cuerpo que se convirtieron en historia. Movía de manera rápida el torso intentando ejemplificar la magnitud del sismo.

Las historias en la calle seguirán. Seguramente alguien contará que tembló y hasta el cigarrillo en ese momento se lo tragó del susto. Antes de terminar este texto, me comparten un chiste para tener en cuenta: “Dicen que van a haber réplicas del temblor. No las vayan a comparar que seguro son chinas y no tiemblan bien”

•La mayoría de los chistes son made in Isaac Miguel Torres Laureiro y Aldrig Mirabal (humoristas de 40 Megas)

Los machitos que saben todo

En esta mañana de frío, casi única, teniendo en cuenta el eterno verano que vivimos en Cuba, me levanté de cama como a las 09:00 dispuesta a comprar las cosas de alimento que me hacía falta. Ahora no les voy a contar qué cosas, el punto no es ese. Casi a punto de alistarme cojo el cigarrillo mañanero y “pafuata”, mi vecino (que también fuma) me dice: Niña, ¿pero estas son horas de fumar? A lo que respondí: Me gusta, y eso nadie… y sin dejarme terminar comenzó con la disertación que fumar es malo y bla bla bla.

Yo media vuelta loca por dentro, primero por el sermón innecesario, dos… porque hasta donde yo sabía el tipo fumaba. Y justo en medio de su explicación y de mi aturdimiento me dice: No me estás haciendo caso. A lo que contesté:

—Anjá, y ando apurada. Luego hablamos (cosa que nunca volveré a hacer, al menos de ese tema.)

Para seguir con mi súper mañana, y dejando atrás el incidente de la “explicotadera” innecesaria, saludo a mi vecino:

—Fulano, ¿cómo estás?

Y sin un “buenos días, vecina” me dice:

— ¿Mija, y tú no tienes frío?

— Na, a mí me gusta disfrutar de este tiempo, dado que…

Y sin dejarme continuar en mis motivos de por qué me gusta el frío, empezó a sermonear sobre las “terribles cosas que le pasan a las mujeres si no se abriga y las consecuencias en su interior”. A lo que volví a responder (manía mía) y le dije:

—Anjá.

Y con mi cara de no-me-importa-lo-que-estás-diciendo y mi manito agitada de un adiós, salí de otro “compañerito” que tiene necesidad de explicarle a todo el mundo que tiene “conocimientos invaluables de la vida”.

Llego a La Ideal, le pregunto al dependiente si había arroz, aunque veía en la esquina tres sacos. Me responde que todavía que hace falta sacar de almacén. No quise formar foco. Y le digo en buena forma y con calma:

—Compañero, yo veo ahí tres sacos…

—Qué va, eso está ahí en caso de emergencia

—Qué emergencia—pregunto yo como quien no entiende nada de lo que está pasando y sin cranearme en pensar que está revendido o peor aún, que él se lo quiere llevar para su casa y tiene el descaro de exhibirlo.

—Es que la muchacha que despacha en la tarde nosotros (administrador y dependiente) no la dejamos que haga fuerzas. A ustedes las mujeres hay que cuidarlas como cristales.

—Y por qué no ponen los sacos de tal forma que ni ustedes ni ella pasen trabajo y así…

Sin dejarme terminar, empezó a enfurecerse porque según él, yo era de esas mujeres que se creen tan independiente que no necesitan ayuda de nadie y menos de los hombres (cosa que es más o menos así pero no tan absurdo como lo estaba diciendo él).

Estoy segurísima que en una u otra ocasión alguien les ha interrumpido cuando usted estaba a punto de decir algo. A eso le llamo “la experiencia del casi”. A mí me pasa todos los días, a cualquier hora. Siempre hay alguien que me corta la explicación cuando estoy a punto de esbozar todos mis criterios. Lo peor es que me di cuenta hace poco que la gran mayoría son hombres. Indignación. Molestia.

Mi casi-mañana hermosa de invierno me lo demuestra. Los hombres, o casi todos los hombres tienen necesidad de explicarlo todo. Maaaaaaaal… no siempre se puede saber de todo, mucho menos interrumpir para imponer criterios que va desde las cosas comunes hasta lo más científico.

Me imagino que una mujer científica, con un recorrido para admirar, tenga que explicar a los machos-sabe-lo-todo sobre el por qué es importante su más reciente investigación. O, la mujer de la oficina que quiere hacer su trabajo bien y el macho (porque buena parte de los puestos de dirección lo ocupan hombres) le dice que no, la creatividad es cosa de arte no de oficio.

Me imagino, además, a la artista (bailarina, actriz, escritora etc. etc. etc.) espectacular en lo que hace y alguna opinión (sin contar las burocráticas en el arte) de otro macho que le explica todo lo que sabe sin tener en cuenta los acumulados que ya tiene ella. De hecho, si ha llegado hasta ahí es porque se ha tenido que enfrentar a la machoexplicación.

Este no es un artículo para desacreditar a los hombres, para nada. Pero puede que sirva para que hablen menos y escuchen más, aunque en honor a la verdad, las mujeres no necesitan que les escuchen, eso es un falso mito.

Ellos no deben tener la palabra

• Apuntes sobre la simbología religiosa en el Golpe de Estado de Bolivia

El golpe de Estado en Bolivia del 10 de noviembre de 2019 (a solo un día del golpismo), no es ni de casualidad sorprendente. Basta solo con hacer un repaso de la geopolítica de Latinoamérica y las coordenadas nos llevarían a esta conclusión: la derecha imperialista quiere hostigar a la izquierda. Y no hablo siquiera de socialismo (serían otros puntos a debatir), sino de la presión que han ejercido, en las dos últimas décadas, para fatigar a movimientos sociales y líderes de causas justas, Lula sería un ejemplo, Berta Cáceres sería otro. Pero el punto no está en ello, lo más escandaloso ha sido la manipulación simbólica en este ataque, que no ha sido ni pacifista ni democrático. Que Luis Fernando Camacho haya sido quien se abanderó en nombre de Dios (no sé cuál) es solo el resultado del proceso anarquista-fundamentalista de las iglesias neopentecostales que hace rato viene dando de qué hablar en el territorio. Pudo ser Camacho u otro, no importa quién. Se trata de los mismos procesos de desestabilización que han sido permanentes y sobre todo, bien pensado y con mucho dinero como orquesta. La utilización de ideologías y consignas en sus narrativas no puede ser ajena, pensemos por ejemplo en Venezuela en 2002; aunque debemos reconocer que mientras ellos (la derecha) iba “al machete” nosotres aún nos poníamos de acuerdo.

Recordemos a Gramsci cuando nos coloca la alerta de que América Latina constituye un escenario de “guerra de posicionamientos” y, por supuesto, las disputas políticas y electorales por el control de los gobiernos de la región. Sería muy adelantado vaticinar aciertos (que son muchos) y desaciertos del mandato de Evo Morales, pero sí queda claro como ya decía Atilio A. Borón que cuando un gobierno de izquierda llega al poder le es imprescindible cambiar sus estructuras; porque la democracia tiene que tener apellidos, y es necesariamente izquierdista. Por otra parte, como ya muchos habíamos alertado, las reacciones de sectores poblacionales en confraternidad con los golpistas no es novela rosa. Analicemos el panorama desde donde podemos, claro. Más allá de utilizar armas (que lo hizo), utilizó la Biblia como símbolo legitimador. Tal vez, en cada culto (palabra horrorosa para celebrar la vida) habían estado haciendo un trabajo de bases aquellos pastores (militantes derechistas) para desacreditar procesos liberadores. Segura estoy que la teología de la liberación no aparecía en esos púlpitos cargados de otras teologías como la de la “prosperidad”. Y de prosperidad seguro se llenarán los bolsillos quienes impulsaban, a toda vela, el golpe. Por lo que queda claro que la Iglesia ha sido cómplice por sus gritos y por sus silencios.

El discurso “cristiano” está haciendo un papel importante en las bases, y no como el de Ranulfo Pelosa, despertando conciencias colectivas hacia un modelo que no los deje ni pobres ni desamparados.  El avispero que los medios de difusión masiva y junto a ellos, periodistas que no les importa la patria sino que en el primer chance la venden, también es otro jugador en acción. Y no hablo de periodistas no creyentes (ese es otro tema); hablo de quienes sabiendo trasfondos y siendo líderes de opinión en comunidades de fe se juntaron para un “friendly TV” o, en el peor de los casos, para hacer guerra fría en las redes sociales. No es siquiera desinformación que el última instancia es manipulación, es abiertamente “guerra santa” con otras maneras de incidir.

Algunos dicen que este golpe de Estado en Bolivia ha sido un golpe cristiano-militar y aunque el discurso ha sido en función de un mesías (Camacho)  sería risible pensar que solo esta es la causa, según nos anota Juan Pablo Marca. Es una lucha constante de sentidos, eso queda claro y en este caso “el mago Camacho” tenía un as debajo de la manga que muchos no imaginaron.

Queda pues, la voz profética de quienes entendemos un proceso de paz urgente y sobre todo quienes profesamos a un Cristo de los indígenas, de los pobres, de las mujeres, de los negros, de los homosexuales, de los jóvenes, de quienes no tienen otra opción que luchar por sus derechos, por sus pueblos.

¡Qué nuestra voz no se apague ante la injusticia!

¡Qué nuestras manos no se cansen de luchar por el derecho a la soberanía!

¡Qué nuestros pies caminen el internacionalismo necesario y popular!

¡Qué nuestros corazones latan más fuerte por nuestros pueblos!

¡Seremos libres o mártires!

“Y que la paz que sobrepasa todo entendimiento” nos de las suficientes fuerzas para luchar