CCPC 2, República Light en Ciego de Ávila: lo tuyo es puro teatro

La presentación de la agrupación de teatro El Portazo en Ciego de Ávila nos confirma dos cosas. Primero, el cabaret político como forma de hacer teatro no ha muerto. Segundo, el público avileño necesita más ojos para apreciar y menos garganta para gritar.

Los argumentos están de más cuando la presentación convence. Pedro Franco, director de El Portazo, habla limpiamente, con una serenidad única y detallada sobre el producto que en varias ocasiones le robó el sueño. Las veces que cualquiera de ellos salió a la calle y dijo o dejó de decir; las veces que hicieron las colas interminables del pollo; las otras tantas veces que vieron a su amigo travesti hacer su función en el cabaret de siempre y luego verlo humillado por su “acompañante”;  ver a la pionerita de la cuadra salir para la escuela; ver a la puta hacer el trabajo de todos los días, ver y no dejar de ver. Han sido los motivos para replicar en una pasarela esas vivencias. Convertir a los héroes históricos en vecinos de los otros “héroes cotidianos”.

¿Dónde está la pureza teatral? ¿La República es de todos los que se acercan y trasforman? ¿Trasgredir los símbolos es premisa para el cambio? Pedro Franco y María Laura Germán (directora artística), saben que en el contexto cultural cubano deben-tienen que reinventarse los discursos, atemperarlos a las nuevas maneras de hacer desde el tabloncillo, o el piso, o la pasarela, o cualquier lugar donde la voz del actor dicte un parlamento. Hacer teatro en Cuba es difícil, porque las condiciones materiales siempre alejan lo soñado del producto final. Es difícil, claro, porque las producciones se convierten en procesos creativos junto a los vericuetos del drama. Es difícil, y todos lo saben, pero mucho más difícil es ser creativo y “ellos” son maestros en la cuestión.

Los resultados hablan por sí solos. No son pocos los premios y los aplausos de la crítica especializada a este grupo que con solo 8 años deja un vestigio en las formas y lógicas de pensamientos del teatro más moderno que se hace en las Artes Escénicas cubanas. La propuesta que trajeron a Ciego de Ávila fue laureada en la entrega del Premio Villanueva en este 2019, concedido por la filial de Artes Escénicas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

“CCPC 2, República Light, significa la continuidad de ese ´cabaré político´ que en su primera versión sorprendió gratamente a la crítica y al público de todos los lugares donde se presentó. La saludable confluencia de café concert, poesía, danza, mímica, canto y otras manifestaciones escénicas con una fuerte vocación sociocultural (huyendo, sin embargo, del panfleto y el discurso explícito), vuelven por sus fueros en esta segunda parte”, anota al respecto Frank Padrón.

El público, un acto y el chillido del final

No todos los días en Ciego de Ávila la cartelera teatral está llena. Pero en este junio se han querido solventar estos problemas de programación y presupuesto. Más allá del trabajo sistemático de las agrupaciones como el Guiñol Polichinela, Teatro Primero, y D´Morón Teatro, las propuestas no son suficientes como para que el público tenga una cultura de apreciación.

•Sobre las presentaciones de teatro en Ciego de Ávila en el mes de junio. Lea aquí.

Cuban Cooffe by Portazo´s Cooperative La República Light se presenta en el cabaré Bohemio de Ciego de Ávila para decir lo que bien les parece, lo que han construido desde la escena, lo que saben hacer: cabaré político. Es la tercera parte de una saga que lucha y sigue luchando contra los estereotipos. Trabaja desde la semiótica, mostrando no dos ni tres caras, sino una mar de conceptos, interpretaciones y señas del teatro contemporáneo.

Es algo nuevo para el público avileño pero no nada extraño. A escena sale un transformista, canta… vocifera un texto icónico. Camina de aquí para allá. Sale a escena una pionerita, solo la cubre de sus ropas interiores la semifalda roja, irrumpe una activista-federada, también en ropa interior. Pedro Franco comenta a Hasta Reventar que ha sido una solución a falta de recursos. Un señor o varios, no sé ante tanto barullo, gritan en medio de la escena. Podía ser la euforia, la emoción de lo diferente. En el tercer acto esos mismos gritos se convierten en molestia, indisciplina.

Es la función 81 y Adrián Bonilla, María Laura Germán y su director están conscientes de que ha sido una puesta difícil.

¿Por qué?

Estamos en una gira por toda Cuba, y no hemos tenido mucha presencia en el centro del país en los 8 años del Portazo. Y, aunque ha sido hostil la acogida del público y de las instituciones, es un reto enorme enfrentarse a espectadores que, tal vez, no está acostumbrado a un tipo de espectáculo como este: cabaré político. Los auditorios son diversos y no se podría decir malo o bueno. Uno como actor o director sabe cuándo un público está preparado para entender el mensaje que quieres compartirle. No se trata de deconfigurar un parlamento o el montaje, se trata de que el proceso comunicativo no se afecte. Si el público no entiende algo, pues lo volvemos a decir de otra manera. La experiencia en esta ciudad nos ha enseñado y retado.

Debo confesar que a pesar de las vicisitudes para presentar este espectáculo en Ciego de Ávila, lo que sucedió en la puesta fue hermoso. Reconectamos con un segmento poblacional que oscila entre jóvenes y adultos jóvenes. La historia que contamos bebe del teatro bufo, el tradicional y ancla en los íconos diarios, en aquellas vivencias históricas que vivimos y pueden hablar del cubano de a pie.

Presentación de El Portazo en el evento Mayo Teatral

— ¿Cuánto de validez hay en la poética de El Portazo?

—Yo te diría que ninguna. Nosotros no tenemos ninguna verdad. Contamos las historias desde donde nos parece que es Cuba y su gente. Pero somos conscientes de que nada es absoluto. Utilizamos nuestras vivencias, nuestros saberes y los volcamos a escena. Homenajeamos la tradición, la historia, los héroes. Si alguien no entendiera, no entenderá la simiente entonces.

¿Cómo se asume el Portazo en esta Cuba heterogénea y compleja donde se vitorea o silencia desde el arte-teatro?

—Hemos querido hacer cabaré político, porque todo arte es político. Lo de cabaret es una solución para poder romper esa cuarta pared con el público. Hay muchas agrupaciones de teatro que lo hacen de otras maneras. Nosotros hemos decidido que sea de esta. El Portazo es un colectivo de artistas que dice y hace lo que piensa. Que convive en las calles y luego trae esas experiencias a las tablas. Trabaja con el otro, invita y se asume con libertad. La libertad es una responsabilidad que hay que saber llevar. Si te dijera dos palabras fueran libertad y responsabilidad.

—¿Hacia dónde van?

Sobrevivir. Nuestro reto es sobrevivir como grupo y como individuos.

Pedro Franco interrumpe la conversación, saluda a un espectador que lo felicita, me hace un guiño y dice: “lo más importante de todo es que a la gente le quede el alma intranquila”. Sobre la presentación me quedan algunas insatisfacciones, tal vez, sean las de muchos. El espacio de El Bohemio necesita algunos cambios para regresar a su esencia de cabaré. Y el público avileño debería ir más al teatro, puede que en la repetición esté el aprendizaje, la buena cultura.

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