De sentir a ser un hombre hay una línea muy fina que nada tiene que ver con gestos, poses o ropa. Ser un hombre para Ross es más que eso.

Siento que lo que le debo, tal vez, es la admiración de anteponerse a la homofobia de una ciudad que fue viéndolo como un enfermo mental, como el maricón que salió del clóset y avergonzó a sus dos hijas, como el tipo que entra y sale de su casa con personas diferentes y el viejo que vive con dos hombres de más.

Ser mujer negra y lesbiana, con toda la carga que esto conlleva, es difícil, porque nuestra sociedad patriarcal, racista y lesbofóbica no nos perdona ser quienes somos.

No tengo necesidad de pedir perdón. Pide perdón quien se haya equivocado. Pero yo no (no en este caso). Desde hace un par de días he recibido todo tipo de mensajes. Unos bruscos, otros desde la ignorancia, otros desde la curiosidad, pero mensajes al fin.

Griticos de mujer

Metiendo el dedo en las “misteriosas, públicas y alocadas calles de Facebook” me encontré con esta hermosa ilustración del artista plástico Michel Moro y me dije: esto es lo que te faltaba. Voy al grano. ¿Quién no ha escuchado a una mujer gritar?

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