Credo para no obviar la felicidad

  • Yuliet Teresa Villares Parejo

Creo en Dios, el de las banderas, de las diversidades.

Creo en la divinidad que está en cada persona, según su imagen y semejanza.

Creo en Dios y su ternura, las manos en la tierra y los pies en cielo.

Creo en Dios, de los humildes, el de la gente que suda bajo el sol (porque la vanidad no es el camino, sino la letanía de la hipocresía).

Creo en Dios y su sonrisa en las infancias, las seguras y de las que luchamos por su felicidad.

Creo en Dios de promesas cumplidas y utopías para mis abuelos.

Creo en el Dios de los sueños, de las insistencias.

Creo en el Dios terco por y para la felicidad de quienes sufren injusticias.

Creo en la mística del Dios del mar y sus cantos orishas.

Creo en el Dios que da el pan a justos e injustos, el que besa a todas las personas sin contar las vilezas.

Creo en Dios cuir, trans, afrodiverso.

Creo en el Dios de las mujeres, el Dios mujer.

Creo en la fragilidad del Dios de los/as ancianos/as.

Creo en el Dios que inspira esperanzas para el Sur, siempre el sur.

Creo en el Dios encarnado en la calidez de mi madre.

Creo en el Dios que sirve y se entrega.

Creo en el Dios de paz, siempre la paz y no otra cosa.

Creo en el Dios que está en las manos temblorosas de quienes padecen enfermedades.

Creo en el Dios de la alegría, los bailes y las jergas.

Creo en el amor de Dios encarnado en la vida de los animales de la calle o del resguardo.

Creo en el Dios del árbol y los peces.

Creo que Dios es terriblemente amoroso.

Amén.

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