Estar a favor de la justicia te hace una persona justa. Estar en contra te hace miserable. ¿Se dan cuenta de la diferencia? Es increíble el número de personas que esgrimen argumentos en contra del Código de las Familias, cada cuál tiene derecho a decir lo que piensa. Pero una cosa es tener una opinión sobre algo y, otra muy diferente, es ser miserables cuando se limita el derecho a la felicidad de otras personas.

Entiendo el estrés sostenido producto de «las crisis interminables»; entiendo la obstinación, entiendo las ganas de irse o de quedarse, entiendo montón de cosas que tenemos que sortear como cubanos y cubanas. Lo que no logro entender es que «ciertas personas» quieran pasarle cuenta al gobierno o gestión de gobierno en su efecto, votando por un No.

Estamos definiendo un proyecto de país, no un tipo gerencia gubernamental. El Código no inventa nada nuevo, solo pone en papel la vida cotidiana de miles de familias (toditas todas).

La otra cuestión que me parece descabellada es que por cuestiones de «ideologías» se diga un No porque tal Dios o más cual religión dice «según su interpretación» que es aberración. ¡Perrrrrdón! El Dios de la Biblia mediante el Espíritu Santo hizo que María –una adolescente– concibiera a «su hijo» que no era de su prometido y, luego conviviera con sus hermanastros. Vaya, si quieren más drama para complejizar la historia no busquen en Netflix, en la Santa Biblia están los guiones.

Si algo me dice que la gente perdió el sentido común es que ya no se escucha las opiniones «con serenidad» del otro o la otra. Escuchar es ascultāre, en buena lead dejar de parlotear y prestar oídos a una realidad que está ahí y es tangible. Estamos en ejercicio de democracia, de protagonismo de la sociedad civil, de pulseo ante el aumento de los fundamentalismos religiosos y políticos.

Yo no sé ustedes, pero ando cansada de verticalismos, supremacías, ausencias, silencios, individualismos. «El Código es un ensayo para que la sociedad toda reproduzca relaciones de poder dignas, afectuosas, con base en los derechos y las responsabilidades, de compromiso con el bienestar personal y común. Nos invita a ir más allá, como pueblo responsable de su propia liberación, en la apuesta por el respeto a la diversidad».

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