Salir del clóset dos veces

De sentir a ser un hombre hay una línea muy fina que nada tiene que ver con gestos, poses o ropa. Ser un hombre para Ross es más que eso.

Ross Sabido

Fueron varias las veces que Ross Sabido Soto escondido en el cuarto de su casa en Camagüey se vistió de niño. Entre la gorra y la pose, se las arreglaba para fantasear delante del espejo sobre lo que quería ser cuando fuera grande. Los gritos de su madre ante aquella gorra robada y el asombro de las “ocurrencias” de su niña, la llevaron una y otra vez a decirle: “Rosmery, esas cosas son de varones”.

Por aquel entonces, su papá le cambiaba el nombre en forma de jarana y le llamaba con cualquier apodo masculino. Sus 1,53 metros de altura le hacían parecer al pequeño Peter Pan e incluso el cambio consciente de “nene” por “nena” parecía un juego. Un simple juego.

Sus cursos en la especialidad de teatro en la Academia de las Artes “Vicentina de la Torre” le llevaron a interpretar no solo lo que correspondía por la docencia sino que era una ´niña´ común y corriente, aunque en verdad no lo fuera. Cuando decidió llevar novia a la casa, aquel jueguito del “nene y nena” se convirtió en molestia.

“Estuvimos a escondidas, tú sabes, porque la gente, la familia siempre mira mal. Pasamos unos dos años sin decir nada a nadie, hasta que a los 17 años salí del clóset como va. Ese día toda la familia supo lo que en la escuela ya sabían: Rosmery es lesbiana”.

“Debo decir que no experimenté rechazo de mis amistades. De cierta forma era algo que en mí se notaba, solo faltaba decirlo. En mi familia fue complicado — hace una pausa al escribir en el chat — pero no llegó a extremos, ni me echaron de casa ni nada parecido. Los insultos vinieron, claro, aunque ninguno justificado”.

“De cierta manera se acostumbraron, seguí siendo yo, pero en vez de traer a casa a novios, llevaba novias. Hasta ahí todo bien. Incluso, mi familia siempre se relacionó adecuadamente con mis parejas.”

Ya no es antes

Lo que queda de aquella muchacha es solo la inscripción del registro que acredita a les niñes que nacen, sin saber futuros y decisiones. Pura nomenclatura que resolvió acortándolo con las tres primeras letras.

“La primera vez que me puse una camisa ya de mayor, me sentí raro, nervioso. Tenía miedo de vestirme masculino, porque no es lo mismo hacerlo de pequeño como un juego que asumirse así de mayor.

“Sin embargo a mis amistades no les molestaba. Tenía un amigo que me apoyaba en todo. Así fui, poco a poco, añadiendo más cosas. Me corté el pelo y fue un tránsito despacio, aunque lo que estaba dentro de mí iba corriendo.

Me sentía niño, sí, pero la mayoría de las personas que son como yo no salen del clóset no solo por el miedo a la sociedad, sino al rechazo de las personas que son importantes para ti. No quieres ver a nadie sufrir.

“Estaba tan cansado que un día le conté la verdad a todos. Les dije: ‘me siento hombre’, y un silencio se llevó todas las bocas del salón. Lo que podría haber sido un momento conmemorativo para mí, se convirtió en pregunta y caos. Di todas las explicaciones que pude, la verdad no tenía deseos de más.

“Salí como un desquiciado del momento incómodo y jugué un partido de fútbol en el teléfono para socavar el mal rato y, pareciera que nada había sucedido al cabo de media hora, pero no volvieron a hablar.

“Llevaba una vida donde fuera de casa era completamente tratado como un chico. Cuando llegaba a la casa de mi abuela me quitaba la gorra, porque no le gustaba. Te digo más, en mi familia no lo asumen todavía.

De sentir a ser un hombre hay una línea muy fina que nada tiene que ver con gestos, poses o ropa. Ser un hombre para Ross es más que eso.

“La cuestión es que no se trata de hacerte, como si fuera un juego, del sexo opuesto. La identidad, el verdadero yo pasa por sentirlo, por estar convencido. Lo segundo es enfrentar los miedos que, en ocasiones, son muchos. La familia, a veces, hace más daño que cualquiera. Para mí, ser quien soy hoy, ha sido lo mejor. Ahora me siento cómodo conmigo mismo”.

“Te cuento algo muy serio. No fue hasta los 23 años que lo decidí libre, consciente y felizmente. Un día, una chica que era mi novia me dio ese bendito empujón final”.

“Siempre me sentí así, pero nunca me atreví a manifestarlo. Ella comenzó a tratarme como chico. Al principio se me hacía extraño pero luego comencé a sentirme cómodo. Digamos que ella vio dónde otros no vieron o no querían ver.

Hay ciertos empujones que cambian la vida y, en el caso de Ross le cambió completa. Nuevos prismas le harían redescubrir “lo que estaba delante de sus ojos y no veía”.

“Al principio era complicado, porque te dices a ti mismo que no está bien, pero no son más que barreras mentales que la propia sociedad ha construido”.

“Hubo insultos, miles. ‘Tú conmigo no sales así’, ‘al lado mío no te pares’, ‘no cuentes con que te voy a comprar esa ropa’”. No se trataba solo de comprar ropa como el juego repetido de la infancia. La frase “no puedes ser niño porque naciste hembra. Y eso no se puede cambiar” era el colmo de la incomprensión de su familia.

Ross sabe que su historia es la de muchas personas trans que cada día enfrentan la crítica o burla de la sociedad, pero también de su familia o amigues. “A esto súmale el horror que les dio cuando hablé de quitarme los senos. Traté de decirles que no los sentía parte de mí.

“Siempre dicen que debes quererte tal y como eres y con todo lo que tengas, pero son hipócritas, porque cuando tienen enfrente a alguien que quiere ser realmente como es, entonces excluyen.

“Yo me acepto tal y como soy. No me odio por ser un chico en el cuerpo de una mujer. Incluso, no he pensado en el cambio genital. Eso no define nada, aunque para algunos sí.

El Estado de Navarra, España, ha acogido a Ross para hacer una nueva vida. Los comienzos siguen siendo duros. Como todos, tiene que trabajar y ganarse la vida. En esta nueva escena tiene el papel de camarero de bar y de salón.

“Todavía no tomo nada hormonal, pero está en proyecto. La vida de hostelería es una locura. Trabajo mucho. Y bueno, ahora con esto del coronavirus todo se retrasa, pero en algún momento será.”

Puede que la vida de Ross no sea de alfombra roja o grandilocuente. No necesita hacer piruetas para mostrar una vida de reinicios para sentirse a gusto. Puede, además, que sea una historia más como la de miles de personas trans en todo el mundo. Pero hoy, nos detendremos en él para visibilizar la verdadera simpleza de lo extraordinario.

Publicado primero en Q de Cuir

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