De seguro, después de esta pandemia, padeceremos de cloronavirus

Cuando salí del trabajo pasé por una tienda. Una cola enorme. Había pollo. Yo que trabajo en un medio de prensa y todos los días publicamos alguna audiencia sobre las medidas de protección que se deben tomar por la COVID-19, sucumbí ante la tentación de llevarme a casa un muslito.

Hice mi cola, pedí el último, saqué mi toallita y me la coloqué en la boca, no saludé a nadie y me eché “liquidito mágico”. Hice todo para evitar contagiarme en caso de que alguien haya estado en contacto con un extranjero. Un tipo tosía hasta el cansancio.

Al final nunca pude comprar el “dichoso” pollo. Me fui a casa, me bañé y me entró un pesar enorme. Había hecho la cola por gusto y me expuse. Desinfecté el teléfono, lo aprendí en uno de esos videítos que están circulando por las redes sociales. No quise alarmarme tanto. El tipo que tosía estaba lejos de mí y yo tenía toallita en la boca, ¿qué podía pasar?

Casi segura en casa (digo casi porque lo que está pa´ ti….), me conecto a Facebook y Whatsapp. Con el miedo que traía de la cola y empezar a leer los mensajes que se distribuyen en estas redes, te dan deseos de no salir a ningún lado. Aislarte completamente. Copiar unas cuantas películas y series y hacer tu propia cuarentena.

Pero decido no alarmarme. Al final el miedo es peor. Recuerdo con el H1N1 si entrabas a una tienda te echaban cloro, si ibas a una institución cualquiera te echaban cloro, en la escuela te echaban cloro, mi mamá la cogió con poner un poquito de agua con cloro en casa. Cloro por todas partes y mucho jabón. Pero, ahora es peor porque el nivel de propagación del “bicho” es mayor y no estamos hablando de un simple catarro. No voy a tocar el temita del jabón.

Hice una solución clorada. La tengo en la mochila y pretendo usarla si alguien me besa, me roza, se acerca. Hoy en mi trabajo alguien soltó el chiste de “cloronavirus”. Deberíamos replantearnos los saludos, algunos ya hasta lo hacen con el pie. Al final, cuando salgamos de todo esto (porque vamos a salir) se nos quedará la costumbre. Nos gusta ser muy besucones y damos intimidades hasta a un desconocido.

Los números que se están manejando nos dicen algunas cosas. Lo primero, creo que se debieron cerrar los aeropuertos y puertos. El hecho de ser una Isla podía habernos evitado el mal rato de tener, hasta ahora, 11 infectados y un muerto. Aunque posiblemente mañana el número sea mayor. Mira que nos hemos quejado por ser isla, otros países tienen fronteras y pasan de un lado a otro sin problema (cuando las políticas bilaterales están en buen estado). Si hubiésemos aprovechado nuestra condición del “agua por todas partes” hoy fuéramos casi inmunes.

La otra cuestión es que la gente es irresponsable. No entiendo como un tipo de Italia, sabiendo que su país está enredado hasta el moño con la pandemia, se atreve visitar otro país. ¡Señor mío, quédese en su casa hasta que pase “la cosa”! O, la hija que vino a ver al padre y ahora el pobre hombre de 65 años está ingresado y ella “sospechosa” (esta palabrita me da tremenda gracia).

La cuestión es que son tan irresponsables “los compañeritos” que viven en el extranjero y quieren hacer un tour por Cuba, justo en medio de una pandemia, que el tipo que tosía en la cola que hice pa´ el pollo. También soy irresponsable al pensar con el estómago antes que con la cabeza, lo admito.

Pero ya que solo tenemos 10 personas “malitas”, mientras que se reportan en este minuto 157 países con presencia del nuevo coronavirus, más de 200 000 casos confirmados y más de 800 fallecidos, creo que es hora de que nos aislemos. Pero quién soy yo para decretar cuarentena en el país, son solo apreciaciones desde el miedo.

Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública en la pasada Mesa Redonda afirmó que en Cuba no existe hasta ahora transmisión comunitaria porque todos los casos han tenido contacto directo con personas que llegaron desde el extranjero. Entonces, la alternativa a priori, es cero contactos con extranjeros. A Yunai (¿se acuerdan de aquella canción?), se le acabará su gusto por los yumas. Y yo me estoy cuidando de hasta de la gente que trabaja en la Cayería.

No sé si en alguna ocasión les he hablado de lo histérica que es mi abuela. Bueno, ya tengo una bolsita de alcanfort que me hizo, también 5 nasobucos. Mi tía, que vive en Jamaica, me dijo que ya mi abu la llamó para obligarla a usar el alcanfort —con la peste que da eso— confiesa. Me puso en el bolsillo un papelito con una oración de “Jesús sanador… y no sé qué cosa más”.

Yo oro para que sea controlado y pase de manera definitiva este mal rato que mundialmente atravesamos. Orar es importante para mí y para muches. También confiar en la medicina cubana, en el interferon que construimos, en la preparación de nuestros médicos, en la gratuidad de la salud (no sé qué haría yo en otro país en esta situación) y también en los remedios de mi abuela que nunca están de más.

Me voy a relajar, se los prometo, mientras tanto seguiré riéndome de los memes que andan por ahí, de algunos de los chistes, o mejor, con los nuevos stikers que están inventando para reaccionar a algunas publicaciones. Al fin y al cabo, todo está en la cabeza. Cuando lo del caracol gigante africano hasta soñé que uno me caminaba por todo el cuerpo. Con el corona… pues soñaré que estoy tomando cerveza y padeciendo de “cloronavirus”.

Foto: EFE

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