Griticos de mujer

Metiendo el dedo en las “misteriosas, públicas y alocadas calles de Facebook” me encontré con esta hermosa ilustración del artista plástico Michel Moro y me dije: esto es lo que te faltaba.

Voy al grano. ¿Quién no ha escuchado a una mujer gritar?

Seguramente todes. Yo, por suerte (o desgracia), tengo el oído afinado. Esta vez quiero compartirles algunos gritos que he escuchado durante estos 26 años. Será una suerte de lista. Veamos si me sale.

La voz de tu madre

Les juro que fui una buena chamaquita. De esas niñas que se sentaban en la puerta de la casa y veía a todo el barrio corretear. Sillón, bata, portal, penquita pa´ echar aire (año 1998-2000 más o menos). Bueno, les voy a decir la verdad. Yo era todo lo contrario a eso. Chancleteaba el barrio como me daba la gana. Incluso, tenía una bici que tiraba de una esquina a otra y por tal motivo tengo las piernas llenas de marcas. Es por eso que les puedo contar, con seguridad, cómo se siente el grito de una mujer diciéndote: ¡¡¡¡¡¿¿¿¿Yulieeeeeeeeeettt, hasta cuándo contigo mijita?!!!!!

La voz de tu profesora

Sigo con las historias. Estaba un día en la secundaria. Cursaba 8vo grado. De más está decirle que esta manía mía de llegar a los lugares y hacer “guara” no es de ahora. Ya les comentaba anteriormente que de tranquilidad no había un ápice en mi cuerpo. Cogí una guitarra que estaba en el departamento de Instructores de Arte, me llevé a toda el aula para el patio y me puse a cantar el estribillo de la canción de la novela del momento. Creo, si mal no recuerdo, que era la de Polito Ibáñez: pintaré-mi-pelo-de-marrón-fumaré-hasta-romperme-un-pulmón. La gente me hizo el coro y nos envalentonamos con el repertorio. En el momento climax, una pelirroja, alta, con unas pecas hermosas me gritó: Yuliet, mijitaaaaaaaa y ¿ahora esto qué es? Era mi profe. (A que pensaron que era una chiquita que estaba pa cosa conmigo. Siento desilusionarles.)

La voz de tu amiguita

No sé cuál es el motivo que de adolescentes una siempre tiene una amiguita con quien hacer tareas, ir de aquí para allá, incluso, es de esas amiguitas que son como un diario personal en tu vida. Pues yo también la tuve. Hasta que un día apareció otra amiguita con la que quise llevarme de igual modo. Recuerdo que el grito que me metió mi amiga B, por andar con mi amiga M fue de esquina a esquina. Qué clase pena pasé. Solo recuerdo las palabras: ¡¡¡¡¡Yulieeeeeeeet, me las vas a pagar!!!!! Ahora no recuerdo si estaba celosa de que yo me llevara con alguien más o si le había robado a su amiguita. Upsss, lo siento.

La voz de tu jefa

No les voy a contar toda la gente que me han gritado. Creo que todo el mundo ha recibido sus griticos en la vida. Luego de hacerme grande y responsable (sí, porque lo soy aunque escriba estas cosas) empecé a trabajar en una institución cultural. La jefa, una mulata que dice mil cosas, de momento la cogió conmigo, como decimos en buen cubano. Yo soy de Morón y tenía que trasladarme a Ciego de Ávila diariamente. Para los que no saben, la distancia es de 36 kilómetros, porque diariamente tenía que recorrer 72 kilómetros por 385 pesos mensuales. Uno de esos días donde el trasporte dice “aquí estoy para joderte y llegues tarde a todos los lugares” mi querida jefa me dice:

O:—¿Tú crees que estas son horas de llegar?

Y:—Sí, pero no (respondo sin nervio alguno)

O:—Pues la próxima vez que llegues tarde te cierro el contrato

Y:—Ok, la próxima vez me compras un carro, me subes el salario y me alquilas en tu casa.

O:—Pero Yuliet, qué freeeeeeeeeeesca tú eres

Y:—Sí, gracias. Usted lo es más.

No les voy a contar como terminó la historia. Nos gritamos mutuamente y no sé por qué o cómo, esa gritería terminó en un beso.

La voz de tu novia

Solo sé que desde la gritería con mi jefa, que ahora es mi novia, nos hemos gritado muchas veces (no les voy a mentir). Casi todas las parejas se gritan así sea para pedir la toalla que se les quedó y están enjabonadas hasta la nariz. Bueno, pero de esa gritería no les voy a hablar. Prefiero esta, de la gritería que se da en medio del dormitorio. Les pido que más que la imaginación, pongan su memoria en función. Cuarto, cama, botellita de vino, velitas de ambientación, I love NY cantada por Michael Bublé, caricias, ojitos perdidos, erizamiento de pelo— si vives en una casa en interior tendrán que escuchar la conversación de la vecina con la hija sobre los huevos que descargaron en la esquina hace 20 min—.

Seguimos.

Le tomas la mano y lo que no es la mano, le acomodas el pelo detrás de la oreja (un poquito cliché pero para meternos en ambiente está bien), le dices que te gusta mucho, ella te devuelve un suspiro, toman un sorbo del vino que está en la copa.

Vuelve la vecina a decirle a la hija que se apure que dijeron que iban a quitar el agua por 72 horas. Pero tú mantienes la calma, haz llenado todos los tanques, cubos y pomos posibles (trabajas en un medio de prensa, se supone que estés actualizada de los desvaríos de Acueducto y Alcantarillado).

Ahora le dices a tu novia que hoy huele espectacularmente bien, incluso, que ese perfume te encanta. Le das un besito para “calentar el momento”. De nuevo la vecina suena un: “Ay mi madre, me han dicho que se va la corriente.” A ti no te importa, porque tienes lamparita recargable y la laptop con batería 100%. Pero tus vecinos te quieren tanto que de un momento a otro, en medio de la copa de vino, de la canción I Love NY que está por el min 2:00, del besito que acabas de dar y del perfume fascínate que estás oliendo en el cuello de tu novia, te tocan la puerta casi tumbándola. Y te dicen: Yuliet, se va la corriente. ¿Por qué no haces un poquito de café?

¿Escucharon el grito de mi novia? Yo también. Desde entonces no saluda a mi vecina.

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